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sobre Val do Dubra
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Val do Dubra no es un sitio al que se llegue por casualidad. La mayoría viene desde Santiago y tarda media hora larga por carreteras comarcales. Si vas en verano, aparca en cuanto veas hueco en Bembibre o en cualquier parroquia cercana. Cuando hay buen tiempo aparecen coches de gente que busca “rural” cerca de la capital y los arcenes se llenan rápido.
Fuera de temporada es más fácil: entras al núcleo, dejas el coche sin darle muchas vueltas y ya está. No esperes sombra cerca de la carretera. Los castaños suelen estar más arriba, en las lomas.
El cartel de Bembibre dice que hay 47 muíños. Caminando por el valle ves unos cuantos restaurados y otros medio comidos por la maleza. Tres o cuatro aparecen rápido; el resto exige desviarse por senderos y pistas.
Lo que hay (y lo que no)
El castro de Portomeiro sirve para estirar las piernas. Son unos dos kilómetros por pista forestal y un último tramo cuesta arriba. No es un yacimiento monumental. Quedan taludes, alguna estructura y poco más. Las piezas interesantes acabaron hace tiempo en museos de Santiago.
Aun así la caminata tiene sentido: desde arriba se abre el valle del Dubra y el silencio es bastante real. Abajo, cerca de la iglesia de San Cosme, hay paneles que intentan explicar el lugar.
La Ruta dos Muíños suele arrancar en Bembibre, cerca del campo de fútbol. El recorrido ronda la docena de kilómetros. En seco es un paseo largo pero sencillo: regatos, puentes de piedra, tramos de bosque y varios molinos alineados en el cauce.
Si ha llovido mucho, piénsatelo. El barro aquí no es decorativo; se pega a las suelas y no se va hasta que vuelves al asfalto. Tampoco hay servicios en medio del recorrido, así que lleva agua.
La Pedra do Home queda cerca de Vilariño y se alcanza en un paseo corto cuesta arriba. Es una losa medieval con inscripción. Nadie parece tener del todo claro qué dice. Hace años alguien repasó las letras con corrector blanco para que se vieran mejor; aquello duró poco y ahora está protegido con una valla.
La foto sale mejor por la mañana. Por la tarde el sol pega de frente y la piedra pierde relieve.
Comer por la zona
Aquí no hay una escena gastronómica organizada. Lo normal es comer en casas particulares, en fiestas parroquiales o en locales sencillos de la comarca.
En Bembibre suele celebrarse una jornada dedicada al lacón con grelos que llena la plaza de humo y mesas largas. Pagas la ración, te sientas donde haya sitio y comes lo mismo que todo el mundo. Si no coincide con la fecha, toca buscar algo en los pueblos cercanos o acercarse a Santiago.
Por las parroquias también aparecen empanadas caseras, queso de producción pequeña y pan hecho en horno tradicional. Muchas veces no hay cartel ni tienda como tal: se pregunta y alguien te indica la casa.
Lleva efectivo. En varios sitios sigue siendo lo más práctico.
Fiestas que todavía son de pueblo
En primavera se celebran varias fiestas ligadas al calendario agrícola. San Isidro suele mover bastante gente en algunas parroquias: mesas en la calle, comida compartida y música tradicional si aparece algún gaitero o tamborilero. No hay gran programa ni escenario; la cosa funciona sola.
En marzo, por San Lázaro, en Bembibre sale una procesión que algunos recuerdan porque a veces van perros acompañando la imagen. No siempre ocurre, pero cuando pasa llama la atención.
El magosto de noviembre tampoco tiene un único lugar. Cada parroquia monta el suyo cuando puede. Si pasas por allí esos días y hueles humo de castañas, acércate.
Consejo final
Val do Dubra es campo sin adornos. Molinos dispersos, caminos húmedos buena parte del año y parroquias tranquilas.
Si vienes, trae botas y tiempo para caminar. Y no cuentes con llenar el maletero de recuerdos: aquí lo que hay es paisaje y silencio. Si eso te vale, ya compensa el desvío.