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sobre Ponteceso
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En Bergantiños, donde el Anllóns baja hacia el Atlántico, Ponteceso mezcla vida de río y cercanía de mar sin alardes. Es un municipio coruñés pequeño, de ritmo tranquilo, con parroquias dispersas, huertas, marismas y una costa a pocos kilómetros que se nota en el carácter y en la mesa.
Aquí el agua manda: el río, los puentes, los molinos y, cerca, los puertos y playas que completan el día. Lo mejor es recorrerlo sin prisa y sin guion: un paseo corto, una charla en el bar, un desvío por una pista que acaba en un hórreo o en un puente de piedra.
Qué ver
- Iglesia parroquial de Santa Eulalia de Anllóns, referencia del núcleo y buen punto para orientarse.
- Riberas del río Anllóns: vegetación de ribera, puentes y viejos molinos.
- Arquitectura tradicional en aldeas y caminos: casas de piedra, hórreos y cierres de finca que hablan del lugar.
- Marismas y humedales, interesantes si te gusta observar aves en paso.
Qué hacer
- Senderismo suave por caminos rurales, enlazando aldeas y pequeñas atalayas naturales.
- Acercarte a los puertos cercanos para ver ambiente de mar, con respeto y sin estorbar.
- Comer: pescado y marisco cuando toca, y cocina gallega de siempre (pulpo, lacón con grelos, etc.), según temporada.
Mejor época
Ponteceso se disfruta con tiempo templado y luz larga, cuando apetece caminar por la ribera y parar en las aldeas. Con días de lluvia y viento, el río y la costa siguen teniendo su punto, pero conviene venir con un plan más corto y coche a mano, porque los trayectos entre parroquias se hacen menos agradecidos.