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sobre Aranga
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En la comarca de Betanzos, entre colinas y valles muy verdes, Aranga es de esos municipios coruñeses donde la Galicia rural sigue marcando el paso. La población está repartida en aldeas y parroquias, y el plan sale solo: bajar el ritmo, caminar un poco y mirar con calma.
Aranga no juega a la lista de “grandes monumentos”. Lo interesante está en lo cotidiano: carreteras estrechas entre prados, hórreos que siguen en su sitio, cruceiros a la salida de los caminos y pequeñas iglesias parroquiales que aún funcionan como punto de encuentro. La de Santa María de Aranga, de origen medieval con reformas posteriores, ayuda a entender esa arquitectura sobria y práctica del interior.
El entorno es un mosaico de prados, bosquetes de robles y castaños y regatos que asoman y se esconden entre muros de piedra con musgo. Para conocerlo, lo mejor es enlazar pistas y caminos que comunican aldeas: rutas sencillas, sin grandes desniveles, más de paseo que de “hacer kilómetros”.
En la mesa manda la cocina gallega de siempre: caldo, ternera, lacón con grelos, empanadas y, si tienes suerte, quesos artesanos. No hay mucha concentración de sitios, así que conviene venir con expectativas realistas y margen para improvisar.
Si solo tienes 2 horas
- Acércate a la iglesia de Santa María de Aranga y da un paseo por los caminos rurales de alrededor, sin prisa.
- Recorre una o dos aldeas cercanas: hórreos, cruceiros, fuentes y ese urbanismo disperso que aquí es la norma.
Errores típicos
- Confiar en “aparcar donde sea”: muchas pistas son estrechas y las usan a diario vecinos y maquinaria.
- Venir con un plan rígido: el tiempo cambia rápido y la lluvia puede aparecer cuando menos lo esperas.