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sobre Curtis
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A las siete de la mañana, Teixeiro huele a pan. No es una forma de hablar. La panadería de la esquina abre antes que el gallo. Dentro ya hay camioneros con el primer cortado. Discuten si llueve o si “va llover”.
Curtis no tiene murallas ni un casco antiguo de postal. Tiene una estación de tren del siglo XIX. Tiene cuatro bares donde te reconocen a la tercera visita. Y un cartel que recuerda que estás dentro de una reserva de la biosfera. Ese es el tono del lugar. No intenta impresionarte. Pero acaba cayéndote bien.
Cuando el queso es noticia
En mayo el pueblo suele oler a leche de oveja. Es la época de la Feria del Queso. Aquí el queso se habla como si fuera un tema serio.
No es un mercadillo rápido. Hay concurso, catas y mucha conversación sobre el “pasteo”. Ese día los vecinos sacan ropa de domingo. Los quesos se juzgan con una concentración que recuerda a un examen.
Si vas, evita la pregunta clásica: “¿cuál es el mejor?”. Cada familia tiene su favorito. Y lo defenderá como si fuera un escudo familiar.
Lo normal es pedir un trozo pequeño. Algo tipo: “ponme un cachín, que luego hay que cenar”. Aun así, acabarás probando más de uno.
El monte que no sale en las postales
La Ruta de la Cova da Serpe empieza tranquila. Primero caminas entre eucaliptos. Luego el terreno se abre y aparece la sierra.
El móvil pierde cobertura bastante rápido. En diez minutos ya no pita. El recorrido ronda los ocho kilómetros. Se alarga si te paras con cada seta rara que aparece.
La cueva es más bien una grieta con agua. Lo interesante es la historia. Se cuenta que una serpiente enorme guardaba un tesoro. Un labrador logró llevárselo. A cambio prometió no contarlo.
Lo contó.
El tesoro desapareció, claro. Suena a cuento para explicar por qué nadie ha encontrado nada.
Arriba hay buenas vistas. Se alcanzan a ver varias parroquias. Incluso cambia el paisaje hacia otra provincia. Hay un monte cercano que parece un elefante tumbado.
Trae agua. Aquí no hay puestos en el camino. Tampoco vecinos vendiendo botellas junto al sendero.
El tren que paró al rey
A finales del siglo XIX, Alfonso XII bajó del tren en Curtis. Venía a inaugurar la estación. La historia local cuenta que aprovechó para encender un cigarro mientras la máquina tomaba agua.
Hoy el tren sigue parando. Pocas veces al día. Y con ese retraso tranquilo que muchos asocian al ferrocarril gallego.
La estación es baja y de ladrillo rojo. Dentro huele a madera vieja. También a historia de emigrantes. Mucha gente salió de aquí rumbo a América con un baúl y comida para el viaje.
Un domingo por la tarde el lugar está casi vacío. Algún vecino pasa con la basura. Te mira con cara de pregunta silenciosa.
Si preguntas por un bar cercano, te señalarán una puerta discreta. Desde fuera parece cerrado desde hace décadas. Dentro suele haber cerveza fría y una máquina de dardos que sigue viva.
Nabizas y otras excusas para volver
En invierno, mientras en otros sitios hablan de calçots, aquí se habla de nabizas. Tienen su propia fiesta.
La nabiza recuerda a un puerro grueso. El sabor está entre la acelga y la col. En la zona se cocina de muchas formas. A veces con chorizo. Otras con bacalao. También salteada con ajo.
No esperes recuerdos de tienda. Ni camisetas raras. Lo que hay es gente ofreciendo “un chin”. Aceptas por educación. Luego llega otro plato.
Si queda hueco, aparece la tarta de Curtis. Suele llevar nueces, miel cercana y un poco de canela. Tiene ese sabor que recuerda a las cocinas de antes.
Un consejo de amigo. Curtis no funciona como sitio para tachar en una lista. Funciona mejor sin prisa.
Aparca cerca de la estación. Camina un rato. Mira cómo cambia el paisaje entre parroquias.
Si empieza a llover, busca una casa con luz. Es fácil que alguien te cuente alguna historia del lugar. Cosas como cuánto tardaron en levantar el cruceiro de Paradela. O el trato curioso que cerró el escultor para terminarlo.
Cuando oigas el tren otra vez, puede que te plantees quedarte un poco más. A ver si la serpiente de la cueva decide esconder otro tesoro. O si simplemente Curtis vuelve a oler a pan al día siguiente.