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sobre Paderne
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El turismo en Paderne se entiende mejor mirando el mapa antes que la plaza del ayuntamiento. El municipio se abre en el valle del Mandeo, justo donde el río empieza a ensancharse camino de la ría de Betanzos. El Camino Inglés atraviesa esta zona por caminos rurales entre huertas y pequeñas aldeas. No hay grandes hitos que anuncien la entrada: a veces solo una cruz de granito o una señal del camino recordando que Betanzos queda cerca y que Santiago todavía está lejos.
El valle funciona casi como un corredor natural entre la costa y el interior. Ya en época medieval aparece citado en documentos ligados a monasterios de la zona —se suele mencionar una donación del siglo IX atribuida al conde Gundesindo al monasterio de San Martiño de Xubia—. La red de puentes y caminos que hoy estructura el territorio tiene mucho que ver con los siglos en que los Andrade controlaban buena parte de estas tierras.
El puente que mató a un jabalí
A unos kilómetros del núcleo de Paderne se encuentra el puente de Lambre, también conocido como puente del Porco. Cruza el Mandeo con dos arcos de piedra oscura de tamaño desigual. La tradición sitúa su construcción en el siglo XIV, vinculada a Fernán Pérez de Andrade «O Bo», que impulsó varias obras de paso en la comarca para comunicar sus dominios.
En uno de los lados del puente se ve tallada la cabeza de un jabalí. La explicación pertenece más a la tradición oral que a la historia documentada. Según el relato popular, un jabalí mató a Teresa de Andrade, hija del noble, y un caballero llamado Roxín Roxal lo abatió después con una daga. La escultura recordaría aquel episodio. Con leyenda o sin ella, el relieve sirve también como señal de límite entre antiguos señoríos de la zona.
El lugar tiene algo de paso antiguo: río estrecho, bosque cerca y el camino que se encaja entre las piedras del puente.
Hormigón y arcos atirantados
Aguas abajo aparece otro puente muy distinto. El de O Pedrido, construido en el siglo XX, responde a una lógica completamente diferente: ingeniería moderna sobre la ría de Betanzos. El proyecto fue obra del ingeniero Eduardo Torroja y durante años se citó en escuelas de ingeniería por la forma de resolver el gran arco de hormigón armado que sostiene el tablero.
Durante décadas fue uno de los pasos principales entre ambas orillas de la ría. Hoy el tráfico se ha desplazado a infraestructuras más recientes y el puente antiguo se utiliza sobre todo para tránsito local. Desde arriba se aprecia bien cómo el Mandeo pierde forma de río y empieza a mezclarse con la ría, con zonas de marisma donde en invierno es habitual ver aves.
Iglesias que no quieren ser catedrales
Las parroquias de Paderne conservan ejemplos modestos de románico rural. En San Pantaleón das Viñas se mantiene un tímpano románico bastante erosionado donde aún se reconoce un Cristo en majestad rodeado por los símbolos de los evangelistas. El resto del edificio es sencillo: nave única y reformas posteriores, sobre todo de época barroca.
Santa María de Souto responde a un esquema parecido. La base es románica, probablemente del siglo XII, aunque con modificaciones posteriores que cambiaron parte de los muros y la cubierta. Son iglesias pequeñas, pensadas para parroquias dispersas, donde la arquitectura responde más a la vida cotidiana del lugar que a grandes aspiraciones monumentales.
Normalmente se abren durante los oficios religiosos. Fuera de esas horas no siempre es fácil encontrarlas abiertas, algo habitual en muchas parroquias rurales.
El té que no esperas
Cerca del polideportivo municipal hay un pequeño invernadero que llama la atención porque no se parece demasiado a las explotaciones agrícolas habituales de la zona. Allí se cultivan plantas de Camellia sinensis, la misma especie con la que se elabora el té.
La iniciativa forma parte de un proyecto experimental impulsado en Galicia para recuperar un cultivo que llegó a probarse en el siglo XIX. La producción es pequeña y más bien demostrativa, pero sirve para recordar que el clima húmedo y templado de la costa gallega permite ensayar cultivos poco habituales en estas latitudes.
Cómo llegar y cuándo ir
Paderne queda muy cerca de Betanzos, a pocos minutos por carretera siguiendo el valle del Mandeo. Desde A Coruña el acceso más directo pasa primero por Betanzos y luego continúa por carreteras comarcales.
El entorno se presta a caminar sin demasiada planificación: caminos rurales, tramos del Camino Inglés y senderos junto al río. En verano los días largos ayudan a recorrerlos con calma. En invierno la niebla suele quedarse en el valle muchas mañanas, y los puentes y caminos de piedra pueden estar húmedos, algo a tener en cuenta si se camina junto al río.