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sobre Vilasantar
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En la comarca de Betanzos, a unos 500 metros de altitud, Vilasantar es de esos municipios del interior coruñés donde el paisaje manda: prados, aldeas de piedra y una red de caminos que enlazan parroquias entre robles y castaños. Aquí el plan funciona mejor a ritmo lento, fijándote en lo cotidiano.
Qué ver en Vilasantar
El patrimonio aparece repartido por las parroquias. Lo más visible es la arquitectura religiosa: iglesias parroquiales de granito, con guiños románicos o barrocos según el caso. Entre aldea y aldea, el rural gallego se reconoce en los detalles: hórreos, cruceiros, fuentes y casas de piedra con añadidos de madera. En O Foxo, capital municipal, se entiende bien ese pulso etnográfico sin necesidad de ir “a cazar monumentos”.
El entorno natural acompaña: pequeñas carballeiras, regatos y brumas que cambian la escena según el día.
Qué hacer
Lo más agradecido es caminar o pedalear por pistas y carreteras locales, enlazando aldeas y parando donde apetezca. Si te gusta la fotografía, este interior da mucho juego: amaneceres con niebla, texturas de granito y vida de campo.
En la mesa, manda la cocina de interior: caldo, ternera, huerta, lacón con grelos en temporada y quesos de la zona.
Fiestas y tradiciones
El verano concentra fiestas patronales por parroquias, con misa, procesión y verbena. En invierno, la matanza del cerdo pervive en algunas casas, y el Entroido se vive a escala pequeña.
Mejor época
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar: temperaturas suaves y el paisaje muy vivo. En pleno invierno es cuando más se notan la humedad y la niebla; no es un problema si te encaja el ambiente, pero conviene contar con menos horas de luz. En verano, mejor moverse a primera o última hora si aprieta el calor.