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sobre Moraña
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En el corazón de la comarca de Caldas, a unos 300 metros de altitud, Moraña es un municipio pontevedrés que resume bien la Galicia interior. Con alrededor de 4.500 habitantes, el territorio se reparte en parroquias y aldeas, entre huertas, prados y manchas de robles y castaños. Aquí el tiempo va a otro ritmo: caminos rurales, conversaciones a la puerta de casa y un patrimonio popular que no se exhibe; simplemente forma parte del día a día.
No es un destino de los que copan titulares ni listas. Precisamente por eso encaja si buscas tranquilidad y una Galicia cotidiana, sin decorados. Además, estás cerca de Caldas de Reis y Pontevedra, así que puedes dormir en ambiente rural y moverte con facilidad.
Qué ver en Moraña
El patrimonio se entiende mejor recorriendo parroquias. La iglesia parroquial de Santa María de Moraña es el principal referente religioso: se aprecia más de cerca, con calma, que en una foto rápida.
Los cruceiros aparecen en cruces de caminos y junto a capillas; algunos tienen una labra fina y cuentan, a su manera, cómo se organizaba la vida en el rural.
En el apartado etnográfico, merece la pena fijarse en hórreos, molinos y fuentes. Los pazos también forman parte del paisaje, aunque muchos son privados: se disfrutan desde fuera, en un paseo tranquilo.
Qué hacer
Lo mejor aquí es caminar. Hay caminos rurales de dificultad baja o media que conectan aldeas y te permiten ir enlazando paisaje y pequeñas piezas de patrimonio, sin necesidad de grandes planes.
En la mesa manda el producto: ternera, embutidos, quesos y huerta. Moraña es más de cocina casera y entorno que de grandes comedores; si buscas más variedad, la tienes a pocos kilómetros.
Si solo tienes 2 horas
- Acércate a la iglesia de Santa María y recorre el entorno del núcleo.
- Haz un tramo corto por un camino rural enlazando alguna parroquia cercana, con paradas para mirar cruceiros, hórreos y fuentes.
Errores típicos
- Ir con prisas: Moraña se entiende mejor a pie y con paradas, no “tachando” puntos.
- Meterse con el coche por pistas estrechas: muchas son rurales y no siempre conviene entrar; mejor aparcar con sentido y seguir andando.