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sobre Campo Lameiro
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La hierba está húmeda y el granito de la roca está frío. Con el sol bajo, una sombra delgada revela una línea, luego un círculo, luego la cornamenta de un ciervo. El turismo en Campo Lameiro consiste en ese aprendizaje: distinguir lo que alguien picó en la piedra hace milenios de lo que es solo una grieta más.
Aquí se mira el suelo de otra manera.
El Parque Arqueológico y cómo empezar a entender los petroglifos
El Parque Arqueológico del Arte Rupestre sirve de entrenamiento para la vista. Explica los motivos recurrentes —ciervos esquemáticos, círculos concéntricos— y cómo reconocerlos después en el monte, donde no hay carteles.
Esa práctica es necesaria. Fuera, las rocas no siempre están señalizadas. Aparecen en medio de un claro o junto a un sendero, sin protección.
La luz lo cambia todo. Con el sol rasante, al amanecer o al atardecer, los surcos proyectan sombras y el dibujo se define. Con luz cenital, la losa puede parecer lisa.
Petroglifos dispersos entre monte bajo
En el municipio hay conjuntos con nombres como Pedra dos Mouros o Laxe dos Carballos. Llegar hasta ellos implica caminar por pistas forestales, a veces con desnivel.
No hay grandes infraestructuras. Lo habitual es encontrar granito rodeado de brezo y pinos, en una zona abierta donde se oye el viento.
El calzado debe agarrar bien. El granito húmedo, algo frecuente aquí, se vuelve resbaladizo.
El paisaje que rodea las piedras
Alejarse de los petroglifos también ayuda a entender el lugar. Las aldeas mantienen hórreos de piedra y caminos estrechos entre muros bajos. Las casas aparecen tras una curva.
El río Lérez crea pequeñas zonas húmedas con restos de molinos antiguos. Los senderos no siempre están acondicionados; a veces son pistas que usan los vecinos para las fincas.
Es una Galicia interior donde se oye más el agua y los pájaros que los coches.
Cuánto tiempo dedicarle
En dos horas se puede ver el parque arqueológico y acercarse a un conjunto exterior. Intentar abarcar muchos en un día suele convertirse en trayectos de coche y caminatas rápidas.
Funciona mejor elegir uno o dos lugares y tomarte tu tiempo: mirar desde lejos, luego acercarte para seguir las líneas con la vista.
El casco del pueblo no ocupa mucho. Lo que da sentido a la visita está repartido por el monte.
Algunos errores habituales
Llegar a mediodía con sol claro es un fallo frecuente. Los grabados pierden relieve y cuesta distinguirlos. También lo es querer ver muchos conjuntos rápido; se acaba más tiempo buscando accesos que observando las piedras.
No conviene caminar sobre los grabados. Además de dañarlos, suelen tener una película de humedad o musgo que hace resbalar.
Un lugar que exige paciencia
En Campo Lameiro no todo está explicado. Los petroglifos aparecen dispersos entre praderas y caminos, y a veces cuesta encontrarlos o interpretarlos.
Cuando la luz es buena y el ojo ya está entrenado, los surcos del granito empiezan a tener sentido. Entonces se entiende que lo importante no son solo las piedras grabadas, sino el paisaje tranquilo que las rodea y el tiempo que les dedicas.