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sobre Vila de Cruces
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La primera vez que fui a Vila de Cruces me pasé un buen rato dando vueltas por la carretera pensando que el GPS se había quedado pillado. No es que esté mal señalizado; es que el municipio funciona de otra manera. Aquí no hay un “pueblo” claro al que llegar y ya está. Hay decenas de aldeas desperdigadas por el valle, como si alguien hubiese ido soltándolas a puñados entre prados y montes. Cuando por fin llegas al pequeño núcleo donde están el ayuntamiento y cuatro calles seguidas, te queda la sensación de haber aterrizado en la oficina de un municipio que se extiende mucho más allá de lo que parece.
Y luego entiendes que esa dispersión es parte de la gracia.
El galo que pone el pueblo patas arriba
La Festa do Galo de Curral es uno de esos eventos de los que la gente de la zona habla durante meses. Hasta que lo ves con tus propios ojos piensas que exageran un poco.
Suele celebrarse a finales de mayo y, durante ese fin de semana, Vila de Cruces deja de ser un municipio tranquilo para convertirse en una romería enorme donde todo gira alrededor del mismo plato: galo de corral guisado con cachelos. Llega gente de media Galicia y el centro del pueblo se llena de mesas largas, ollas gigantes y colas con plato en la mano.
El ambiente es más de fiesta popular que de feria gastronómica con marketing. Comes, charlas con quien tengas al lado, vuelves a ponerte a la cola si te quedas con hambre y la tarde se va sin darte cuenta.
Un consejo práctico: llegar pronto ayuda. No tanto por las colas —que las hay— sino porque el ritmo de la fiesta depende bastante de lo que salga de las cocinas. Cuando la comida empieza a escasear, el ambiente también se va relajando y el pueblo vuelve poco a poco a su tamaño habitual.
Cuando el protagonista es el chorizo
En invierno le toca el turno al embutido con la Feira do Chourizo, que reúne a productores de la zona y de otras comarcas cercanas.
La escena es bastante sencilla: puestos, pan de millo, cuchillos afilados y gente probando trozos de chorizo recién cortados mientras comenta cuál pica más o cuál huele más a humo. Nada de discursos grandilocuentes ni etiquetas raras. Más bien ese ambiente de feria de toda la vida donde se compra para llevar a casa.
Si te gusta el chorizo gallego, aquí sales con la mochila bastante más pesada que cuando llegaste.
El valle del Deza sin escaparates
Vila de Cruces forma parte del valle del Deza, una zona interior de Galicia que no suele aparecer en las postales típicas. Aquí el paisaje es más tranquilo: ríos, monte bajo, eucaliptos mezclados con robles y aldeas pequeñas que parecen medio escondidas entre las curvas de la carretera.
Una de las rutas más conocidas es la Ruta dos Muíños del río Deza, un sendero que va siguiendo el río y pasa por una buena colección de antiguos molinos de agua restaurados. No es un museo con paneles cada diez metros; más bien un paseo donde vas encontrando los molinos uno tras otro, con sus canales y sus ruedas, y te haces una idea bastante clara de cómo funcionaba la molienda en esta zona.
Es un paseo agradecido, sobre todo cuando el río baja con agua.
El monasterio que aparece entre los árboles
El Mosteiro de Carboeiro es probablemente el lugar más sorprendente del municipio. Está escondido en un recodo del valle del Ulla, rodeado de bosque, y llegar hasta allí tiene algo de descubrimiento.
El monasterio es medieval y hoy se conserva en parte restaurado. No es una ruina romántica abandonada, pero tampoco un monumento convertido en parque temático. Más bien un edificio de piedra serio, silencioso, que parece encajar perfectamente con el paisaje.
Si llegas caminando por alguno de los senderos de la zona, el momento en que aparece entre los árboles tiene algo especial. Y el mirador cercano sobre el río Ulla es de esos sitios donde te quedas un rato parado sin hacer mucho más que mirar el valle.
Consejo de amigo
Vila de Cruces no es un sitio de checklist rápido. No llegas, haces cuatro fotos y marcas una casilla.
Funciona mejor como parada tranquila: dar un paseo por el valle, acercarte a Carboeiro, comer bien si coincide con alguna fiesta y seguir ruta por la comarca del Deza.
Y un detalle práctico: descarga el mapa antes de venir. Aquí las carreteras se enredan entre aldeas pequeñas y no siempre hay buena cobertura. Aunque, pensándolo bien, perderse un poco por estas carreteras tampoco es la peor manera de conocer el sitio.