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sobre As Pontes de García Rodríguez
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Si vienes por turismo en As Pontes de García Rodríguez, lo más práctico es empezar por el lago. Hay aparcamiento amplio junto a la playa artificial. En verano se llena a media mañana. Si llegas después de las doce probablemente te toque dar vueltas o dejar el coche algo más lejos.
La chimenea de la central térmica se ve desde varios kilómetros antes de entrar al municipio. Sirve casi como referencia para orientarte. Aquí la industria forma parte del paisaje, para bien o para mal.
El lago que antes fue una mina
Donde hoy hay agua hubo durante décadas una mina de lignito a cielo abierto. Cuando cerró, el hueco se inundó de forma controlada y terminó convertido en un lago enorme. Desde la orilla cuesta imaginar lo que fue aquello.
Hay una playa de arena y zonas donde la gente se mete a nadar cuando hace calor. También suele verse gente con piragua o tablas. En los meses fuertes aparecen chiringuitos temporales y bastante movimiento de familias de la zona de Ferrol y de pueblos cercanos.
Alrededor del lago salen caminos sencillos para caminar o ir en bici. La señalización es correcta sin más. No está pensado como parque temático, pero tampoco tiene pérdida.
Un pueblo marcado por la industria
El casco antiguo es pequeño. Calles normales, edificios bajos y vida de diario. A medida que te alejas aparecen bloques levantados cuando la mina y la central trajeron trabajo y población.
No hay una estética clara. Es más bien una mezcla de épocas y necesidades. Aun así el pueblo funciona: comercios abiertos, gente entrando y saliendo del trabajo y bastante movimiento a ciertas horas.
El Eume antes de las fragas
El río Eume pasa por aquí antes de meterse en las fragas más conocidas río abajo. En este tramo el paisaje es más tranquilo y menos visitado.
Cerca del municipio hay rutas cortas junto al agua y pequeños saltos como las llamadas cascadas das Feiticeiras. No esperes grandes cataratas. Son caídas de agua modestas, de las que abundan en Galicia cuando el caudal acompaña. El agua suele estar fría incluso en pleno verano.
Entre la gente mayor todavía se cuenta una historia: el río, dicen, se lleva a un hombre cada año por una vieja rivalidad entre tres ríos hermanos. No es algo que veas en carteles. Es más bien conversación de banco cuando el invierno viene lluvioso.
La central térmica
La central sigue dominando el horizonte. La chimenea, de más de trescientos metros, es una de esas estructuras que se ven desde muy lejos y ayudan a saber dónde estás.
No es un sitio preparado para visitas turísticas. Si quieres verla bien, lo más sencillo es parar en algún punto alto de la carretera hacia Monfero. Desde allí se entiende mejor la escala de todo el complejo.
Consejo práctico
Empieza por el lago temprano, antes de que llegue la gente. Si hace buen día, date un baño y camina un rato por la orilla.
Después baja al pueblo, come algo y date una vuelta corta por el centro. Por la tarde, si te pica la curiosidad, acércate a algún mirador de carretera para ver la central desde lejos.
No hay mucho más que rascar. Y tampoco pasa nada.