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sobre Cee
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Hablar de turismo en Cee obliga a empezar por la ría de Corcubión. El pueblo se apoya en ese borde de agua relativamente abrigado dentro de una costa áspera, abierta al Atlántico. El primer mirador claro suele ser el Cruceiro da Armada: allí el Camino de Santiago ya ha dejado atrás los montes interiores y se orienta hacia el oeste. Desde ese punto la ría aparece entera y, un poco más abajo, Cee: tejados bajos, fachadas de granito y un puerto que durante siglos funcionó más como refugio que como gran puerto comercial.
La villa debe su forma a la desembocadura del río Cee. En documentos medievales aparece como lugar de paso y abrigo para embarcaciones que recorrían la costa en busca de caladeros o resguardo cuando el tiempo se torcía. Hoy actúa como pequeña capital comarcal. Entre Fisterra, Corcubión y las parroquias del interior, muchas gestiones cotidianas acaban aquí. Esa condición de nudo —ni ciudad ni aldea— se nota en el ritmo del puerto y de las calles: redes que se arreglan en el muelle, furgonetas descargando marisco al amanecer, chavales cruzando la carretera camino del instituto hablando en gallego.
El recuerdo de la ballenera
Cuesta imaginar que en esta costa se procesaban ballenas hasta bien entrado el siglo XX. En la cercana Caneliñas funcionó una factoría ballenera que cerró a mediados de los años ochenta, considerada la última de Europa. Desde la zona de Estorde todavía se distinguen los restos del complejo: naves industriales de ladrillo, estructuras metálicas y explanadas invadidas por vegetación.
No hay apenas señalización ni un centro de interpretación estable. El lugar queda como una ruina industrial abierta al viento y a las gaviotas. Algunos vecinos mayores aún recuerdan el silbato que marcaba los turnos de trabajo. La historia no se menciona mucho en folletos, pero forma parte del pasado reciente de la comarca y explica parte de su relación con el mar, menos romántica de lo que a veces se cuenta.
Santa María da Xunqueira
La iglesia parroquial de Santa María da Xunqueira ocupa el centro histórico. El edificio actual se levanta sobre una fábrica de finales de la Edad Media, con reformas posteriores. Durante la invasión napoleónica, a comienzos del siglo XIX, el templo sufrió daños serios y hubo que rehacer parte de la cubierta y de los muros.
Al pasear alrededor conviene fijarse en algunos sillares reutilizados en contrafuertes y esquinas. En uno de ellos, en el lado sur, se distingue un escudo muy erosionado que probablemente proceda de alguna construcción anterior. Son detalles pequeños, pero recuerdan que muchas iglesias gallegas se reconstruyeron varias veces usando la misma piedra.
En torno al 15 de agosto suele celebrarse aquí una de las reuniones festivas más conocidas del pueblo. En la plaza cercana se colocan mesas largas y se sirve caldeirada en un ambiente muy abierto, donde se mezclan vecinos y gente que está de paso. La tarta de Cee —bizcocho empapado en almíbar con crema y cobertura de chocolate— aparece casi siempre en esas conversaciones: muchos la sitúan a mediados del siglo XX, aunque cada familia cuenta la historia a su manera.
Un arquitecto nacido aquí
Domingo Antonio de Andrade, uno de los nombres del barroco gallego, nació en Cee en el siglo XVII. Acabó trabajando en Santiago de Compostela y se le atribuyen obras importantes vinculadas a la catedral, entre ellas la Torre del Reloj.
En el pueblo su recuerdo es discreto. Hay una lápida conmemorativa y algunas referencias en edificios públicos, pero poco más. Algo parecido ocurre con Fernando Blanco de Lema, pedagogo y benefactor local que impulsó proyectos educativos en el siglo XIX y cuyo legado permitió levantar el instituto que hoy sigue funcionando. Son figuras que ayudan a entender que este pequeño núcleo costero siempre ha tenido conexiones con el exterior.
Un paseo entre cruceiros y mar
Uno de los recorridos más tranquilos por Cee sigue varios cruceiros repartidos entre el casco urbano y las primeras zonas rurales. El camino suele empezar en la plaza de la Magdalena, donde se conserva la llamada Figura da Piedad, único resto visible de una antigua capilla derribada en el siglo XIX.
A partir de ahí el itinerario sube poco a poco hacia el cementerio y los barrios más altos. El paisaje cambia rápido: huertas, maíz en temporada y casas dispersas. El cruceiro de Bermún es el más alto del recorrido y mantiene restos de policromía en la imagen de la Virgen. Algunos peregrinos que pasan hacia Fisterra tienen la costumbre de tocar la base del crucero antes de continuar.
Si se sigue caminando hacia Cantorna, el sendero acaba bajando de nuevo hacia la costa y termina cerca de la playa de Estorde. Es una franja de arena bastante recogida. Fuera de agosto suele estar tranquila, utilizada sobre todo por gente de la zona que baja a pasear o a nadar cuando el tiempo acompaña.
Cómo llegar y moverse por el pueblo
Cee está a algo más de una hora en coche de Santiago de Compostela siguiendo las carreteras que recorren la Costa da Morte. La entrada principal llega por la AC‑550, que conecta con Corcubión y Fisterra.
El puerto concentra buena parte de las zonas donde se puede dejar el coche, aunque en verano o durante fiestas locales cuesta más encontrar sitio. El casco urbano se recorre caminando sin problema.
Los sábados suele haber más movimiento en torno a la plaza de abastos, con puestos y actividad desde primera hora. Fuera de los picos del verano, la primavera y el comienzo del otoño suelen ser momentos tranquilos para caminar por la ría y los senderos cercanos sin demasiada gente de paso hacia Fisterra.