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sobre Muxía
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El turismo en Muxía se entiende mejor mirando primero el mapa. El pueblo ocupa un saliente rocoso en la costa de la comarca de Fisterra, en plena Costa da Morte, donde el Atlántico entra sin obstáculos. El caserío se arrima al puerto y trepa un poco por la ladera, protegido en parte por la forma de la ría. Aquí termina el Camino de Santiago para quienes siguen la prolongación hacia Fisterra y Muxía, aunque la vida del lugar siempre ha tenido más que ver con el mar que con los peregrinos. El tiempo se mide en mareas y las distancias, todavía hoy, en millas.
La geografía manda
Muxía debe su configuración a la desembocadura del río Grande y a una costa que alterna arenales abiertos con tramos de roca muy batida. El municipio suma unos cuantos kilómetros de litoral donde aparecen playas como Lourido o Nemiña, y también acantilados donde es habitual ver cormoranes.
En el extremo del santuario está la Pedra de Abalar, un gran bloque granítico que puede oscilar ligeramente cuando se empuja en el punto adecuado. Durante siglos se le atribuyeron propiedades casi milagrosas, aunque su explicación es más sencilla: la erosión del granito y el apoyo sobre una base irregular. Este tipo de formaciones no es raro en la costa gallega.
El término municipal se reparte en varias parroquias bastante dispersas. Muxía, la villa principal, se asienta en el promontorio que mira al puerto; Moraime conserva uno de los conjuntos históricos más antiguos de la zona; Nemiña se abre hacia la ría del mismo nombre, donde desemboca el río Castro. Esa dispersión explica la presencia de pequeñas iglesias repartidas por el territorio: cuando el transporte dependía de caminos de tierra o de una barca, cada núcleo necesitaba su propio templo.
El santuario y otras piedras
El santuario da Virxe da Barca se levanta prácticamente sobre las rocas, frente al océano. La tradición sitúa aquí la llegada milagrosa de la Virgen en una barca de piedra para animar al apóstol Santiago en su predicación. De esa leyenda nacen también las grandes piedras del entorno, como la Pedra de Cadrís, donde todavía es habitual ver a gente tumbándose para aliviar dolencias de espalda o riñones.
El edificio actual sufrió un incendio en 2013, provocado por la caída de un rayo durante una tormenta. La reconstrucción respetó en gran medida la imagen exterior del santuario, muy ligada a la romería que se celebra cada septiembre. Durante generaciones, los marineros de la zona acudieron aquí a dejar ofrendas después de temporales o naufragios.
A unos tres kilómetros está el antiguo monasterio de San Xiao de Moraime. La iglesia conserva una portada románica con un Cristo en Majestad rodeado por los símbolos de los evangelistas. El interior fue transformado en época moderna, algo bastante habitual en los templos rurales gallegos. El monasterio tuvo importancia en la organización del territorio medieval, cuando estas comunidades religiosas gestionaban tierras, caminos y cultivos en la costa.
Cuando el mar marca el calendario
La romería de la Virxe da Barca es la celebración más conocida del lugar y suele celebrarse a comienzos de septiembre. Durante esos días llegan vecinos de toda la comarca y también peregrinos que continúan el Camino hasta aquí. El santuario y el puerto concentran casi toda la actividad.
En verano también se organizan comidas populares en torno a la sardina, muy vinculada a la pesca local. No es extraño ver parrillas improvisadas cerca de la playa y mesas largas donde se juntan familias y cuadrillas enteras. Son celebraciones muy de pueblo, más pensadas para la gente de la zona que para quien llega de fuera.
El Entroido, en cambio, tiene un carácter más doméstico. Comparsas, disfraces y meriendas compartidas en los locales vecinales o en las casas.
Caminar entre faros y acantilados
Muxía es uno de los puntos de paso de la Ruta dos Faros, un itinerario que recorre buena parte de la Costa da Morte siguiendo senderos junto al mar. El tramo hacia Nemiña atraviesa zonas de dunas, pequeños valles y acantilados donde el Atlántico golpea con fuerza en invierno.
Muy cerca del santuario está también la escultura A Ferida, una pieza de acero instalada después del desastre del Prestige como recuerdo de lo ocurrido en estas costas. El lugar mira directamente al mar abierto.
Hacia el sur queda Cabo Touriñán, al que se llega por carretera desde Muxía. A menudo se menciona como el punto más occidental de la península ibérica, y durante parte del año es uno de los lugares donde el sol se pone más tarde en la España peninsular. El faro actual es relativamente reciente y sigue funcionando como referencia para la navegación.
Cómo moverse (y cuándo ir)
Muxía no tiene estación de tren. Lo habitual es llegar por carretera desde Cee o desde la zona de Camariñas. También hay autobuses que conectan con Santiago de Compostela, aunque los horarios son limitados fuera del verano.
El casco del pueblo se recorre andando sin problema. En los meses de más afluencia puede costar aparcar cerca del puerto, así que mucha gente deja el coche en las entradas de la villa y continúa a pie.
Las playas del entorno —Lourido, Nemiña o Lires— están a pocos minutos en coche. Algunas tienen aparcamientos sencillos junto a la carretera y pocos servicios, algo bastante común en esta parte de la costa.
Quien llegue caminando por el Camino de Santiago encontrará albergue para peregrinos en el propio pueblo. Septiembre suele ser un buen momento para venir: el verano afloja, el mar todavía conserva temperatura y el ambiente vuelve a ser el de un puerto pequeño que vive mirando al Atlántico.