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sobre O Corgo
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El río Neira marca el ritmo de O Corgo. No es un río especialmente caudaloso, pero el valle que dibuja explica casi todo: los pueblos se reparten a su alrededor, los puentes organizan los pasos y muchas de las casas antiguas se levantan en pequeñas terrazas sobre el agua. La capital municipal, San Xoán do Corgo, creció precisamente en uno de esos puntos donde el valle se abre lo suficiente como para concentrar servicios y caminos.
Cuando los romanos decidieron pasar
Por este territorio discurría la Vía XIX, la calzada que comunicaba Bracara Augusta (Braga) con Asturica Augusta (Astorga). No es extraño que pasara por aquí: el valle del Neira funciona como corredor natural entre el interior y las montañas que separan Galicia de la meseta.
En distintos puntos del municipio se mencionan restos de la llamada Romanilla, nombre popular que suele darse a los tramos conservados o a los caminos que siguen su trazado. Cerca del río aún quedan puentes de origen antiguo muy transformados con el paso de los siglos. Muchos fueron rehechos en época medieval o moderna, pero el lugar donde están no suele ser casual: los romanos elegían los pasos más estables del río, y siglos después se siguieron utilizando.
Pazos y arquitectura del valle
Como en buena parte del interior lucense, el paisaje está salpicado de pazos y casas solariegas vinculadas a antiguas familias rurales. No forman grandes conjuntos monumentales, pero ayudan a entender cómo se organizaba el territorio: explotaciones agrícolas amplias, capillas privadas y escudos de armas en las fachadas de granito.
Algunos de estos edificios han cambiado de uso o permanecen cerrados, algo bastante habitual en la Galicia interior. Lo interesante, más que entrar en ellos, es observar su relación con el entorno: casi siempre aparecen junto a buenas tierras de cultivo o cerca de los caminos históricos que cruzaban el valle.
En varias parroquias del municipio también se han documentado tumbas antropomorfas excavadas en la roca, un tipo de enterramiento altomedieval relativamente frecuente en Galicia. Suelen aparecer en lugares apartados, cerca de pequeñas ermitas o antiguos espacios monásticos.
Pulpo y fiestas locales
Aunque el pulpo suele asociarse a las villas costeras, en el interior de Lugo también tiene tradición. Durante las ferias y fiestas patronales es habitual encontrar grandes ollas de cobre donde se cuece y se corta al momento, acompañado de aceite, sal gruesa y pimentón.
En la parroquia de Chamoso se celebra desde hace años una fiesta gastronómica dedicada al pulpo, normalmente en verano. Es una de esas celebraciones muy locales: mesas largas, cuadrillas de vecinos y gente que llega de los alrededores a pasar el día. Más que un evento pensado hacia fuera, funciona como reunión comarcal.
El valle cuando llegan las castañas
El otoño cambia bastante el paisaje de O Corgo. Entre las repoblaciones de pino y eucalipto todavía quedan zonas de castaño y roble que en octubre y noviembre tiñen el monte de tonos rojizos. Es también la época de los magostos, cuando las asociaciones vecinales o los propios barrios organizan asados de castañas con vino nuevo.
No siempre son actos públicos ni anunciados fuera del municipio. Muchas veces se celebran en locales sociales o pabellones, dependiendo del tiempo, que en esas fechas suele ser húmedo.
Caminar por el entorno del Neira
El territorio se presta más a caminar que a buscar grandes miradores. Variantes históricas del Camino de Santiago atraviesan el municipio siguiendo viejos caminos rurales. Una de ellas es la llamada Vía Künig, mencionada a finales del siglo XV por el monje alemán Hermann Künig, que describe un itinerario algo distinto del Camino Francés actual.
También hay pequeños recorridos junto al río Neira que utilizan pistas forestales y caminos tradicionales. Son paseos tranquilos, entre prados y bosques de ribera, donde todavía se ven molinos, pasarelas de madera y zonas utilizadas en verano como áreas de baño.
Cómo llegar y cuándo acercarse
O Corgo se encuentra a poca distancia de la ciudad de Lugo y se llega por carretera en menos de media hora. El coche sigue siendo la forma más sencilla de moverse por el municipio, porque las parroquias están bastante dispersas.
La primavera y el otoño suelen ser las estaciones más agradecidas para recorrer el valle. En verano el verde sigue siendo intenso, pero también aparecen los mosquitos cerca del río. En invierno el paisaje tiene su interés, aunque las lluvias pueden complicar algunos caminos de tierra.
Si vas a caminar, conviene llevar calzado resistente: el barro forma parte del paisaje gallego y en los senderos del valle del Neira aparece con facilidad.