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sobre Monfero
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Hablar de turismo en Monfero obliga a empezar por el monasterio. Aparece de golpe tras una curva del camino que sube desde el valle del Eume. No hay grandes anuncios, apenas un desvío discreto. De pronto, la fachada de Santa María se levanta entre los castaños como si hubiera estado ahí aguardando siglos. En realidad, más o menos eso ha ocurrido: la comunidad monástica existe desde la Edad Media, aunque buena parte de los muros visibles hoy pertenecen a reconstrucciones posteriores, sobre todo del siglo XVII, después de un incendio que arrasó el edificio anterior.
El tiempo de los monjes
La fundación del monasterio se sitúa en el siglo XII, en un momento en que la monarquía impulsaba la ocupación y organización de estas tierras interiores. Los monasterios cistercienses cumplían varias funciones a la vez: cultivaban, ordenaban el territorio y fijaban población. Monfero pasó a formar parte de la red del Císter poco después de su creación, vinculado al cercano monasterio de Sobrado.
Durante siglos, la comunidad controló tierras, molinos y parroquias de buena parte del actual entorno del Eume. De ese poder hoy quedan sobre todo las estructuras del monasterio. El claustro principal, de traza renacentista, comenzó a levantarse a finales del siglo XVI y tardó mucho tiempo en completarse. En sus muros todavía se reconocen piezas reutilizadas de fases anteriores: columnas y sillares que pertenecieron al edificio románico original. El conjunto es, en cierto modo, una suma de épocas superpuestas.
Los incendios marcaron varias etapas de la historia del monasterio. En la tradición local se recuerda que distintos rayos alcanzaron el edificio a lo largo de los siglos modernos, obligando a reconstrucciones sucesivas. Es uno de esos detalles que los vecinos suelen contar cuando hablan del lugar.
Los Andrade y la memoria en piedra
Dentro de la iglesia se conservan varios sepulcros vinculados a la familia Andrade, uno de los linajes más influyentes de la Galicia medieval. Algunos de sus miembros eligieron este monasterio como lugar de enterramiento, lo que explica la presencia de tumbas góticas con escudos y figuras esculpidas.
Los Andrade fueron señores poderosos en toda esta franja del norte gallego. Levantaron fortalezas, participaron en conflictos y mantuvieron relaciones complejas con la Corona. Que acabaran enterrados aquí dice bastante del peso que tuvo el monasterio en la zona durante siglos.
En la fachada aparecen también dos figuras femeninas colocadas en un nicho. La tradición popular identifica a una de ellas con una reina y a la otra con una religiosa vinculada al monasterio, aunque no hay una certeza absoluta sobre su identidad. Es uno de esos pequeños enigmas que quedan cuando la documentación es escasa y las explicaciones pasan de generación en generación.
El bosque que rodea el monasterio
Monfero está dentro del ámbito del Parque Natural Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados del noroeste peninsular. El monasterio no se entiende sin ese entorno. La humedad constante, los laureles, los robles y el río cercano forman parte del mismo paisaje que conocieron los monjes.
Desde el propio monasterio salen varios caminos que se adentran en la fraga. Uno de los más conocidos sube hacia la zona de la Virxe da Cela, donde hay una pequeña ermita vinculada a una tradición de apariciones marianas que la memoria local sitúa en el siglo XV. Junto a ella brota una fuente que durante mucho tiempo se consideró especial, y todavía hoy hay quien recoge agua cuando sube hasta allí.
Vida cotidiana en el municipio
Monfero es un municipio muy disperso, con parroquias repartidas entre montes, prados y pequeños valles. La vida aquí sigue un ritmo tranquilo y bastante ligado al campo.
En los bares del pueblo, a la hora de comer, no es raro encontrar platos muy de la zona: caldo, empanada o carne criada en las propias casas. También se elaboran quesos de vaca en pequeñas producciones familiares, que a veces se venden directamente en el entorno del municipio cuando hay disponibilidad.
Las fiestas mantienen un carácter muy local. El Corpus suele implicar a varias parroquias en la preparación de alfombras florales, y en verano algunas celebraciones patronales reúnen a vecinos que viven fuera y regresan esos días. Son encuentros más de comunidad que de visitantes.
Cómo llegar y moverse por la zona
Monfero se encuentra a poca distancia en coche de Betanzos y de la costa de Pontedeume. Las carreteras que llegan hasta el monasterio atraviesan zonas de monte y aldeas dispersas, con tramos estrechos en algunos puntos.
El monasterio suele estar abierto en determinados momentos del día, especialmente cuando hay actividad religiosa, aunque no siempre hay un horario claramente visible. Si está cerrado, a veces en el tablón exterior aparece un teléfono de contacto relacionado con la parroquia.
Para caminar, los alrededores ofrecen varios senderos sencillos que conectan el monasterio con el bosque y con antiguos caminos del valle. En general son recorridos cortos, adecuados para recorrer sin prisa y detenerse en los miradores naturales sobre el río Eume.
Monfero se visita rápido en términos de distancias. Pero el lugar funciona mejor cuando se recorre despacio: el monasterio, la piedra húmeda de los muros y el silencio de la fraga invitan más a parar que a tachar puntos en un mapa.