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sobre Lousame
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El monasterio de San Xusto de Toxosoutos se fundó en el siglo XII porque alguien vio aquel valle y entendió que era un buen sitio para levantar un cenobio. Aún hoy, cuando uno se adentra por la carretera que sigue el curso del río Toxosoutos entre robles y castaños, la elección resulta lógica. No es un paisaje grandilocuente: es una geografía útil, de valles húmedos y monte cercano que durante siglos permitió vivir del agua, del bosque y de pequeñas parcelas.
El peso del granito y del tiempo
Lousame pertenece a la comarca de Noia, pero no mira al mar. Quedó en el interior, entre sierras bajas de cuarcita y granito que separan la ría de las tierras más altas. Sus algo más de noventa kilómetros cuadrados son, sobre todo, monte y aldeas dispersas.
Las cumbres de A Muralla y O Iroite forman esa especie de muralla natural que se levanta detrás de la costa. Desde algunos puntos altos —hay una pasarela de madera en la zona de A Muralla— el horizonte se abre hacia las rías, aunque siempre a cierta distancia. Es una vista lateral del Atlántico, no una presencia constante.
El municipio se organiza en siete parroquias. Muchas de ellas conservan nombres de lugares que en otros tiempos tuvieron más peso del que hoy sugieren unas pocas casas separadas por prados. Esa dispersión es antigua: los censos modernos apenas han cambiado la lógica del territorio. Hoy viven aquí algo más de tres mil personas repartidas en pequeñas aldeas, muchas rodeadas de castaños y huertas.
Minas, molinos y un cura innovador
Hay tres episodios que ayudan a entender la historia reciente de Lousame.
El primero es el propio monasterio de San Xusto de Toxosoutos, que durante la Edad Media actuó como centro de poder económico y religioso. Como en otros cenobios gallegos, los monjes gestionaban tierras, molinos y caminos.
El segundo llegó con la minería. A finales del siglo XIX comenzaron a explotarse las minas de San Finx, vinculadas a capital extranjero en sus inicios. Durante el siglo XX —especialmente en los años de mayor demanda de wolframio— la actividad minera atrajo población y trabajo a la zona. Aún hoy pueden visitarse las instalaciones con guía en determinadas épocas, lo que ayuda a entender por qué aparecen en el paisaje esos taludes rectos y galerías que no tienen nada de natural.
El tercer episodio tiene nombre propio: Diego Antonio Cernadas de Castro, párroco de Fruime en el siglo XVIII. Fue un clérigo ilustrado que escribió en gallego y promovió el cultivo del maíz en la zona. Ese cambio agrícola alteró la dieta campesina. La boroa de millo que todavía se hace en muchas casas de la comarca está ligada a esa introducción del cereal americano.
En paralelo, los ríos San Xusto y Toxosoutos movieron durante siglos una red de molinos hidráulicos. Algunos servían para moler grano; otros, en épocas difíciles, también castaña seca.
Cuando el monte da de comer
La cocina local responde a lo que da el territorio: río, huerta y monte. En el San Xusto todavía se pescan truchas en temporada, y en otoño aparecen setas en los castañares y pinares cercanos.
El maíz sigue presente en forma de boroa o como acompañamiento en platos tradicionales. En Portobravo, donde se sitúa la casa consistorial, suele celebrarse cada verano una fiesta dedicada precisamente al millo. Más que un evento pensado para atraer visitantes, funciona como recordatorio de un cultivo que cambió la economía doméstica de muchas familias.
Cuatro caminos que explican el territorio
La Ruta dos Ríos e Fábricas de Papel recorre varios kilómetros siguiendo el agua entre robledales y restos de antiguas instalaciones papeleras que funcionaron hasta el siglo XIX. No quedan grandes estructuras: son muros bajos cubiertos de musgo, canales y piedras que apenas sobresalen entre la vegetación. El interés está en entender cómo se aprovechaba la fuerza del río.
Desde el monasterio de Toxosoutos parte también un camino corto que lleva a una pequeña cascada del río. No es una caída espectacular, pero el entorno —muy cerrado por la vegetación— mantiene el agua fría incluso en verano. Tradicionalmente los vecinos usaban estos manantiales como lugar donde conservar bebidas o alimentos durante los meses más cálidos.
El monte San Mamede permite hacer una caminata circular entre bosque mixto, con castaños, robles y pinos. No es una ruta de grandes panorámicas; el atractivo está en los senderos antiguos que se abren donde antes pastaba el ganado o se recogía leña. En otoño el suelo queda cubierto de hojas de castaño y erizos abiertos.
Cómo llegar y cuándo ir
Lousame se encuentra a media hora larga en coche desde Santiago de Compostela y a pocos minutos de Noia por carretera. El transporte público existe, aunque con menos frecuencia que en los núcleos de la costa, así que moverse con coche facilita llegar a las parroquias y a los caminos de monte.
El otoño suele ser el momento más agradecido: los castañares cambian de color y el monte huele a humedad y a hoja caída. En mayo se celebra la romería de San Xusto en el entorno del monasterio, muy arraigada en la comarca. Quien prefiera ver el lugar con calma probablemente agradecerá acercarse cualquier día entre semana.
El municipio no tiene grandes alojamientos turísticos. Lo habitual son casas rurales repartidas por las parroquias, muchas en antiguas viviendas de piedra rehabilitadas. Lousame se recorre rápido en el mapa; entenderlo bien lleva algo más de tiempo. Aquí el interés no está en un monumento concreto, sino en cómo el agua, el bosque y la minería han ido modelando un territorio discreto pero muy legible.