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sobre Avión
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El núcleo de Avión se sitúa a unos 450 metros, encajado entre las sierras de Faro y Suído. Esta posición elevada modera el calor en verano, cuando las tardes suelen traer aire que circula por los valles. El emplazamiento funcionó históricamente como paso natural entre comarcas, una condición que hoy se percibe de otro modo: en julio y agosto, el regreso de familias que emigraron —en especial a México— altera el ritmo del pueblo. En las calles, junto a viviendas de mampostería de varias generaciones, es frecuente ver vehículos con matrícula extranjera.
La iglesia parroquial y la memoria del vino
La iglesia de San Xusto e Pastor ordena el centro del pueblo. Su fábrica actual comenzó a levantarse hacia finales del siglo XVI o comienzos del XVII, completándose poco a poco, como era habitual en las parroquias rurales. No es un templo monumental; es cantería sobria, con una torre que sirve de referencia visual al llegar por carretera.
En el interior conserva retablos barrocos de factura popular. Más que su calidad artística —discreta— importa lo que reflejan de la economía local. Durante siglos, estas laderas estuvieron plantadas de viña, y el vino del Ribeiro circulaba por caminos hoy casi borrados. Documentos como el Catastro de Ensenada ya mencionan Avión como territorio vinculado al cultivo de la vid. El templo, levantado y ampliado a lo largo de generaciones, es un testimonio de esa prosperidad rural a pequeña escala.
Los molinos del río
Siguiendo uno de los cursos de agua que bajan de la sierra se conservan varios molinos harineros restaurados. No forman un conjunto monumental: son construcciones sencillas de piedra, con tejados de pizarra y canales que desviaban el agua hacia la rueda.
Su valor está en lo que explican sobre la vida cotidiana anterior a la electrificación. Moler el grano dependía entonces del turno en el molino y del caudal del río. Las familias acudían con sacos de centeno o maíz y esperaban. Todavía se distinguen algunos elementos de madera y las estructuras donde encajaban las piedras de moler.
El sendero que enlaza estos molinos atraviesa zonas de robles y castaños. En otoño el suelo se cubre de hojas y humedad; cuando llueve, el barro se vuelve pesado. Conviene llevar calzado con buen agarre. No hay servicios al final del camino, solo los restos de esa pequeña infraestructura rural.
La vendimia en un pueblo del Ribeiro
A finales de septiembre suele celebrarse la vendimia, una cita que en los pueblos del Ribeiro mantiene todavía mucho de reunión vecinal. Aquí el vino no se identifica tanto por marcas como por parcelas o casas: cada familia sabe de qué ladera procede el suyo.
Las variedades blancas tradicionales —treixadura, torrontés, loureira— siguen presentes en muchas fincas. Durante esos días el ambiente gira en torno a la cosecha: comentarios sobre la lluvia del año, sobre cómo viene la uva o sobre el rendimiento de cada viña. Puede haber música y puestos de comida, pero el centro sigue siendo el trabajo del campo.
Cómo llegar y moverse por el municipio
Desde Ourense el trayecto en coche ronda los cuarenta o cincuenta minutos, según la ruta. El último tramo discurre por carreteras comarcales que serpentean entre monte; es aconsejable conducir con atención y usar los apartaderos cuando aparezcan.
El núcleo se recorre a pie sin dificultad. Para quien quiera caminar algo más, hay pistas y senderos que suben hacia las zonas altas de la sierra. Desde algunos puntos elevados, en días despejados, se abre el paisaje hacia el valle del Miño y las montañas del interior de Ourense.
Si se sube a la sierra, conviene llevar agua y algo de comida: en esas cotas lo habitual es encontrar monte, viento y silencio. Y en verano, con frecuencia, también ese aire fresco que explica por qué tantos vuelven aquí cuando aprieta el calor.