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sobre Maside
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La niebla sube del río Barbantiño como si el agua estuviera respirando. Son las ocho de la mañana y en la plaza del Concello solo se oye el chorrito de la fuente y el ruido seco de una persiana que alguien acaba de subir. En Maside el día arranca así, despacio, con esa calma que todavía se encuentra en algunos pueblos del interior de O Carballiño.
Quien llega buscando turismo en Maside suele encontrarse primero con eso: silencio, piedra húmeda y el olor a leña que sale de alguna cocina incluso cuando ya ha amanecido.
La luz que pinta las piedras
La primera iglesia aparece antes de que te des cuenta. Es Santo Tomé Vello, y tiene algo extraño en el campanario cuadrado, más parecido a un pequeño mirador que a una torre al uso. La piedra está oscurecida por siglos de lluvia y viento, y cuando la luz de media mañana cae de lado el ocre se vuelve casi dorado.
Por aquí pasa una pequeña ruta de iglesias románicas que enlaza varias parroquias del municipio. Sobre el papel no parece larga, pero se alarga si te detienes en los detalles: un canecillo con cara de animal en Santa María de Louredo, las arquivoltas de la puerta de Santa Comba, la humedad pegada a la piedra después de varios días de lluvia.
En Treboedo, una de las paradas habituales, hay un pozo antiguo junto al pórtico. Apenas un círculo de piedra con agua oscura. La gente mayor del lugar cuenta que antes se tiraban monedas y había quien pedía un deseo sin mirar atrás al marcharse. Hoy lo ocupan sobre todo las ranas, que empiezan a croar cuando oyen pasos cerca.
Cuando el agua se esconde entre los robles
Hay una pequeña fervenza en el entorno del castro de Santa Mariña. No está señalizada de forma muy evidente y el sendero se estrecha a medida que bajas entre robles y maleza, así que conviene llevar calzado con algo de suela.
Primero llega el sonido, antes de ver el agua. Un ruido constante que rebota entre las rocas. La caída no es enorme, pero suficiente para levantar una nube fina que empapa la cara si te acercas demasiado. En verano hay quien se mete en la poza, aunque el agua suele estar fría incluso en los días más calurosos.
El castro queda en la loma de arriba. Se distinguen restos de muros circulares y alguna terraza de piedra que hoy sirve más de mirador que de otra cosa. Desde allí se ve el valle del Barbantiño con los tejados de pizarra dispersos y las parcelas agrícolas formando un mosaico irregular.
Pan, humo y castañas
Cuando llega el otoño el olor del pueblo cambia. Aparece el humo de los hornos y el aroma dulce de las castañas asándose en sartenes agujereadas.
En Maside todavía se conservan hornos comunales que en algunas épocas del año vuelven a encenderse para preparar pan o comidas colectivas. Más que una fiesta grande, suele ser un encuentro entre vecinos: masa sobre las mesas de madera, alguien removiendo un pote grande y conversaciones que se alargan mientras el pan termina de hacerse.
Las castañas también tienen su momento. No es raro verlas tostándose en la calle cuando empieza el frío, con ese olor terroso que se queda en la ropa.
Tardes tranquilas
A última hora del día el valle se queda casi inmóvil. La luz baja despacio por las laderas y el sonido que domina es el de algún coche lejano o un perro que ladra desde una finca.
En los alrededores hay pequeños manantiales de agua templada que los vecinos conocen desde hace generaciones. No son instalaciones termales ni lugares preparados; más bien surgencias discretas en mitad del campo donde el agua sale caliente de la tierra y forma charcos poco profundos. La gente del lugar se acerca a veces después de trabajar, sin rituales ni horarios.
Cómo llegar y cuándo ir
Maside está a poca distancia de la ciudad de Ourense y del núcleo de O Carballiño, así que lo habitual es llegar en coche por carreteras comarcales que atraviesan aldeas, viñas y parcelas de maíz.
La primavera tiene algo especial aquí: los prados están muy verdes y los caminos todavía huelen a tierra mojada. El otoño también merece la pena, cuando empiezan las castañas y el humo de los hornos aparece al atardecer.
Si buscas silencio, mejor evitar algunos fines de semana de agosto. Con el regreso de quienes tienen casa familiar en la zona el tráfico aumenta y el pueblo cambia de ritmo durante unos días.