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sobre Pontedeva
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Pontedeva es uno de esos municipios pequeños del interior de Ourense donde el paisaje marca el ritmo. Entre viñedos, bosques de castaños y aldeas dispersas, se conserva una Galicia de piedra, huerta y camino: hórreos, cruceiros, fuentes y casas tradicionales que siguen siendo parte de la vida diaria.
Aquí el patrimonio no se reúne en un “casco histórico” claro. Aparece a retazos por parroquias y lugares, así que conviene venir con la idea de ir despacio: un tramo de carretera estrecha, una iglesia sencilla con algún detalle antiguo, un cruceiro en una encrucijada, un lavadero a la sombra. La gracia está en esa suma de cosas pequeñas.
Qué ver en Pontedeva
- Aldeas y arquitectura popular: hórreos, muros de piedra, construcciones agrícolas y patios.
- Cruceiros y capillas rurales repartidos por los caminos.
- Iglesias parroquiales (algunas con origen medieval, aunque reformadas).
Si te apetece sumar una visita más monumental, Celanova queda cerca y encaja bien en el mismo día.
Qué hacer
- Caminar por pistas y caminos rurales entre cultivos y manchas de bosque atlántico (robles y castaños).
- Comer como se come en el interior ourensano: pulpo, empanadas, lacón con grelos o ternera gallega, según temporada y carta.
Si solo tienes 2 horas
- Recorre en coche varias aldeas, parando donde veas un grupo de hórreos, un cruceiro bien plantado o un buen conjunto de muros y casas.
- Haz un paseo corto a pie (30–40 minutos) por un camino rural: es cuando el paisaje y el lugar se entienden de verdad.
- Si vas con margen, enlaza con una parada rápida en Celanova.
Errores típicos
- Intentar “hacerlo todo” en una visita exprés: aquí manda lo disperso.
- Aparcar tapando accesos a fincas o entradas de casas (en aldeas pequeñas es un problema real).
- Confiarlo todo a verlo desde el coche: bajar y caminar cambia la visita.
Información práctica
Se llega desde Ourense en dirección a Celanova y, desde allí, por carreteras comarcales. Lleva calzado cómodo y algo de margen para improvisar paradas: Pontedeva se disfruta más cuando no vas mirando el reloj.