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sobre Punxín
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Punxín es un municipio pequeño del interior de Ourense donde manda el campo y la vida va con calma. Entre fincas, prados y manchas de robles y castaños, el paisaje es el de la Galicia rural de diario: trabajo, piedra y caminos que enlazan aldeas. No hay grandes reclamos; lo interesante está en lo cercano y en mirar sin prisa.
Qué ver en Punxín
Empieza por la iglesia parroquial y el propio núcleo. Merece la pena recorrerlo a pie: muros de piedra, casas de labranza y ese urbanismo de aldea que se entiende caminando. En los alrededores aparecen hórreos, cruceiros y pequeños detalles que cuentan mucho (balconadas, portalones, patios).
Si te tira lo etnográfico, ve atento a fuentes, lavaderos y algún molino. Muchos ya no se usan, pero ayudan a leer cómo se organizaba la vida comunitaria. Y, sobre todo, fíjate en el paisaje agrícola: huertas, viñas aquí y allá, y pistas rurales que cambian mucho según la estación.
Qué hacer
Lo más agradecido es caminar o ir en bici por carreteras secundarias y caminos entre aldeas, con desniveles suaves. Si coincide con labores del campo (vendimia, huerta, siega), se entiende mejor el lugar; pregunta con educación y sin invadir fincas.
Punxín también puede funcionar como punto tranquilo para moverse por la provincia, con Ourense relativamente cerca y otras zonas rurales a una distancia razonable si tienes más tiempo.
Mejor época
Primavera y comienzos de otoño suelen ser los momentos más agradecidos para pasear: el campo está verde y el calor no aprieta tanto. En verano, a las horas centrales conviene buscar sombra y madrugar o salir a última hora; en invierno, la lluvia y el barro pueden convertir algunas pistas en un paseo más lento de lo previsto.
Errores típicos
- Meter el coche por pistas estrechas “por acortar” y luego no tener dónde dar la vuelta.
- Confundir caminos privados con públicos: respeta cierres y fincas.
- Ir con prisas: aquí el interés está en parar, escuchar y mirar.