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sobre Arbo
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El puente de Mourentán suele amanecer con niebla. A primera hora apenas pasa nadie. Abajo, el río Deva baja tranquilo camino del Miño y la nube se mueve despacio hacia Portugal. Si llegas temprano, párate un rato aquí y ya está. Luego sube al pueblo. Antes del mediodía todavía se aparca sin demasiadas vueltas.
Lo que hay y lo que no
Arbo ronda los 2.600 vecinos y la cifra lleva años bajando. En el centro muchas casas abren solo en verano o fines de semana. La plaza es lo que esperas de un pueblo de este tamaño: ayuntamiento sobrio, iglesia antigua, un par de terrazas donde se junta la gente del lugar. Poco más.
El que manda aquí es el Miño. Ancho, lento, frontera natural. Al otro lado ya es Portugal. Las viñas ocupan las laderas y de ahí sale el albariño del Condado. Cuando llega la temporada de lamprea, el pueblo se mueve más de lo habitual. El resto del año la vida es tranquila y la oferta en los bares suele ser la de cualquier casa de comidas gallega: empanada, bacalao con cachelos, algún guiso de verduras o carne.
La lamprea, o cómo comer un fósil
La lamprea aparece entre finales de invierno y primavera. Se pesca en el Miño con corrales de piedra colocados en el río. Desde arriba parecen muros torcidos que cortan la corriente.
El animal no es precisamente bonito y el sabor tampoco es suave. La preparación más conocida es a la bordelesa: trozos de lamprea guisados con su sangre, vino tinto, cebolla y especias. Queda oscura, gelatinosa y con un sabor fuerte. A mucha gente le gusta precisamente por eso.
Si no te convence la idea, suele haber empanada de lamprea, que rebaja bastante el golpe. También es habitual verla seca o ahumada fuera de temporada.
Cuando hay fiesta dedicada a la lamprea el pueblo se llena bastante y comer sin esperar se complica. Si vienes en esas fechas, lo sensato es llegar pronto.
Dos caminos sin gloria
El Sendeiro da Lamprea conecta la zona de la playa fluvial de San Xoán con el centro de interpretación. Son unos cuantos kilómetros junto al Miño. Terreno fácil y sin grandes desniveles. Se hace en un par de horas si vas tranquilo.
La Ruta dos Muíños do Río Deva es más corta. Sigue el curso del Deva y pasa por varios molinos restaurados antes de llegar al puente de Mourentán. Tramo sencillo, algo de sombra y bastante humedad en días nublados.
Ambos senderos están señalizados con postes de madera. No esperes infraestructuras ni servicios en medio del camino. Lleva agua si hace calor.
Viñas y niebla
Las viñas rodean el pueblo. Esta parte de Rías Baixas se conoce como subzona Condado. Predomina el albariño, aunque también hay otras variedades blancas.
Algunas bodegas pequeñas reciben visitas si llamas antes. El discurso suele ser el mismo que en media Galicia: suelos graníticos, clima atlántico, vendimia relativamente temprana. Lo interesante está fuera, en las laderas que bajan hacia el Miño. A primera hora, cuando la niebla se levanta del río, el paisaje gana bastante.
Consejo directo
Ven temprano y no te compliques con el coche. Aparca en la parte alta del pueblo —por la zona de la avenida de Ourense suele haber sitio— y baja andando hacia el río.
Si coincide con la temporada de lamprea, prueba el plato y decide tú mismo. Si no, da un paseo junto al Miño, mira el puente de Mourentán y sigue ruta. Arbo se ve en medio día sin correr. Y con eso basta.