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sobre O Páramo
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Hay sitios que no se visitan, se atraviesan. Vas conduciendo por una carretera local, bajas un poco la velocidad porque la curva lo pide, miras a un lado y piensas: “aquí vive gente desde hace mucho”. Turismo en O Páramo va un poco de eso. No de grandes planes, sino de fijarte en lo que normalmente pasarías de largo: casas de piedra bajas, muros que separan prados y el sonido del río Ladra en algún punto cercano.
No hay un centro compacto donde aparcar y empezar a caminar como en otros pueblos. O Páramo está repartido en aldeas. Y cuando lo entiendes, la visita también cambia el ritmo.
Un municipio repartido en aldeas
Aquí cada parroquia tiene su pequeño núcleo y su vida diaria. Conduces unos minutos y aparece otra iglesia, otro grupo de casas, otro puñado de hórreos mirando al prado.
En Santa María de Logoso, por ejemplo, la iglesia parroquial mantiene ese aire sobrio que se repite en muchas zonas rurales de Lugo. Piedra gris, pocas florituras y un atrio sencillo donde todavía se nota que el edificio sigue siendo parte del día a día. No es un lugar que se haya transformado para visitantes. Sigue cumpliendo su función.
Alrededor, en aldeas como Xuances o Castelo, se ven casas de granito con corredores de madera y hórreos levantados sobre pequeños muros. Algunas están muy cuidadas. Otras enseñan grietas, manchas de humedad o reparaciones hechas sin demasiada estética. Pero precisamente ahí está la gracia: no parecen decorado.
Si te gusta fijarte en puertas, ventanas o cierres de piedra, aquí tienes material de sobra.
El Ladra marca el ritmo
El río Ladra atraviesa parte del municipio y cambia bastante el paisaje cercano. No es un río espectacular, pero sí constante. En verano baja tranquilo. En épocas de lluvia se nota más presente.
Cerca de la ribera aparecen alisos, sauces y ese olor húmedo tan típico de los ríos gallegos. Hay tramos donde se puede caminar sin mucha planificación. Senderos sencillos, caminos de tierra y prados alrededor.
No esperes pasarelas ni rutas señalizadas cada pocos metros. Esto sigue siendo campo.
Caminar o pedalear por pistas rurales
Una de las cosas que mejor funcionan aquí es algo muy simple: moverse sin prisa por las pistas rurales. A pie o en bicicleta.
Las carreteras son estrechas y con poco tráfico. Van conectando aldeas, granjas y pequeñas fincas. El desnivel suele ser suave, más de subir y bajar colinas que de enfrentarte a cuestas largas.
Es ese tipo de paseo en el que vas mirando más a los lados que al reloj. Vacas en un prado, un tractor que pasa despacio, una casa vieja que parece cerrada desde hace años.
Comer aquí sigue siendo cosa de casa
En O Páramo la comida sigue muy ligada a lo que se produce cerca. Carne de ternera gallega, embutidos hechos en casa, queso tetilla o miel de la zona. En algunas épocas del año las fiestas parroquiales o pequeñas ferias suelen ser el momento en que aparecen estos productos con más protagonismo.
Nada demasiado elaborado. Más bien platos directos, de los que llenan y saben a cocina de siempre.
Cosas prácticas antes de venir
Las distancias engañan bastante. En el mapa todo parece cerca, pero entre aldeas hay carreteras estrechas y cruces donde conviene ir con calma. Dos o tres kilómetros pueden llevar más tiempo del que parece.
El GPS ayuda, sobre todo para no acabar en caminos agrícolas que terminan en una finca. Pasa más de lo que imaginas.
Si vienes con poco tiempo, Logoso puede ser un buen punto para empezar. Desde allí es fácil moverse por los alrededores, ver algún hórreo grande cerca del entorno del cementerio antiguo y, si la iglesia está abierta, asomarte dentro un momento. Muros gruesos, decoración justa y esa sensación de edificio hecho para durar generaciones.
Después basta con acercarse a algún tramo del Ladra y caminar un rato junto al agua.
O Páramo funciona mejor cuando bajas las expectativas de “cosas que ver”. No es un sitio de monumentos ni de fotos rápidas. Es más bien un lugar para entender cómo sigue funcionando un municipio rural gallego hoy.
Y eso, aunque suene sencillo, a veces es justo lo que apetece encontrar.