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sobre Leiro
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Aparca en San Clodio y muévete andando. El barrio bajo está junto al río. Si llegas tarde al monasterio, te encontrarás la puerta cerrada. Los horarios se cumplen.
Leiro queda fuera de las rutas rápidas. Hay que desviarse y subir valle arriba. Muchos vienen por el vino del Ribeiro. Es una razón práctica: esta zona vive de la viña desde hace mucho tiempo.
El puente con historia
El puente de San Clodio cruza el Avia con tres arcos de piedra. Una losa recuerda lo que pasó el 9 de febrero de 1809, durante la guerra contra los franceses. Hubo pelea aquí y el pueblo acabó quemado.
Desde el centro del puente ves bien el monasterio. Haz la foto ahí.
El monasterio de San Clodio es cisterciense y está protegido como monumento desde hace décadas. El claustro conserva más aire medieval. La iglesia se reformó después. Si encuentras la puerta abierta, entra. Si no, la fachada ya da una idea: mezcla ladrillo y granito, algo poco común por aquí.
Subir cuesta
Entre San Clodio y el casco de Leiro hay unos dos kilómetros en cuesta arriba. En coche son cinco minutos; a pie tardas más pero ves mejor el paisaje: viñedos en pendiente, casas sueltas, algún hórreo grande.
Leiro es pequeño. Calles empinadas y poco sitio para dejar el coche.
La iglesia de Santa María es románica, del siglo XII o XIII. La portada original quedó tapada por un añadido barroco que rompe bastante el conjunto. Dentro hay un Cristo de madera muy expresivo.
La plaza funciona como mirador hacia el valle del Avia, que se abre hacia Ribadavia con viñas por todas partes.
Vino y mesa
En mayo suele haber fiesta del vino en San Clodio con puestos y barriles.
Fuera de esas fechas, algunos viticultores enseñan bodegas si se avisa antes. Suelen contar que el Ribeiro histórico era más seco y con más cuerpo del que muchos imaginan ahora.
En las mesas ponen lo habitual: caldos, carne cocida, pulpo cuando toca feria. También repostería de almendra.
Paseos junto al río
El paseo de O Salgueiral sigue el Avia un par de kilómetros sobre pasarelas de madera, con sombra de robles y pescadores a la orilla. En verano hay mosquitos.
Otra opción es seguir la ruta señalizada entre viñedos hacia Ribadavia. El terreno es fácil pero conviene llevar agua; hay tramos largos sin nada alrededor.
Si te sobra tiempo puedes acercarte a Pena Corneira, ya hacia Carballeda de Avia: una roca enorme con forma de cuerno desde donde se ve buena parte del Ribeiro. Aparca abajo y sube andando; las carreteras tienen curvas y poco arcén.
Una tarde basta para Leiro: puente, monasterio, paseo por el río y una copa. Si buscas más ambiente, Ribadavia está a diez minutos. Aquí las cosas van despacio