Artículo completo
sobre O Grove
Ocultar artículo Leer artículo completo
La geografía de O Grove se explica desde el sur, donde el istmo de A Lanzada —una lengua de arena de poco más de dos kilómetros— lo une al continente. Hasta bien entrada la Edad Media, este territorio funcionaba como una isla. Los aportes de arena cerraron el paso, creando la península que hoy conocemos. En el siglo XII, Alfonso VII donó la isla al monasterio compostelano de San Martín Pinario. Lo que ahora se ve como una villa marinera abierta a las playas fue durante siglos una posesión monástica, organizada en torno a la explotación de salinas, puertos y pesquerías.
La isla que se negó a ser continente
En la punta sur se localiza el yacimiento de Adro Vello. Allí han aparecido restos que indican ocupación desde época castreña y también estructuras posteriores, romanas y medievales. El lugar tiene lógica: una pequeña lengua de tierra bien situada frente a la ría de Arousa, con recursos marinos abundantes.
Las fuentes clásicas mencionan a los Grovii, un grupo indígena al que suele atribuirse el origen del nombre del lugar. Del control monástico medieval quedan dos iglesias románicas que todavía marcan el paisaje: San Martín y San Vicente. Son edificios sobrios, de mampostería gruesa y ábsides semicirculares, pensados para resistir un clima duro y muy expuesto al viento atlántico.
En el siglo XVIII llegaron pescadores catalanes con métodos de captura distintos a los locales. En muchas zonas de Galicia ese desembarco generó fricciones; aquí también hubo conflictos durante un tiempo. Con los años, ambos sistemas terminaron conviviendo en la misma ría.
El agua que curó a un burro
La historia más repetida sobre el origen del balneario de A Toxa habla de un burro enfermo que se recuperó después de revolcarse en el barro de la isla. Es difícil saber cuánto hay de realidad y cuánto de relato publicitario, pero a finales del siglo XIX ya se explotaban las aguas mineromedicinales del lugar y comenzó a levantarse el complejo termal.
Durante décadas fue uno de los centros de veraneo de la burguesía del noroeste peninsular. Se llegaba en barco desde Vigo o desde otros puertos de la ría para pasar temporadas de baños y paseos. De aquella etapa quedan varios edificios representativos y la pequeña iglesia cubierta de conchas, construida a comienzos del siglo XX.
El puente que conecta A Toxa con O Grove se levantó en el primer tercio del siglo pasado. A pesar de la cercanía, la isla mantiene un ambiente algo separado del núcleo principal del pueblo.
La ría que alimenta
O Grove se abre directamente a la ría de Arousa, la más extensa de Galicia. Gran parte de la economía local gira alrededor del marisco y del mejillón cultivado en bateas. Desde cierta altura se distinguen bien: plataformas de madera alineadas en la ría, sujetas por largas cuerdas donde crecen los mejillones.
Uno de los mejores puntos para entender el paisaje es el monte Siradella, el punto más alto de la península. Desde allí la ría aparece casi como un mar interior y, con buena visibilidad, se alcanzan a ver varias de las islas que cierran el horizonte atlántico.
En la parte occidental la costa cambia por completo. Hay tramos de acantilado y senderos que recorren pinares expuestos al viento. Al otro lado queda A Lanzada, una playa larga y abierta que conecta con el municipio vecino de Sanxenxo. En su extremo se levanta la pequeña ermita de A Lanzada, asociada a una romería muy antigua. La tradición popular habla de baños rituales relacionados con la fertilidad; todavía hoy hay gente que mantiene el gesto, aunque sea más por costumbre que por convicción.
Cuando el marisco es religión
Cada otoño O Grove celebra la Festa do Marisco, normalmente alrededor del 12 de octubre. Durante varios días el puerto y el centro del pueblo se llenan de puestos donde se cocina el producto de la ría: mejillones, ostras, navajas, vieiras o centollo según la temporada. Más que un espectáculo, funciona como una gran comida colectiva que atrae a mucha gente de toda Galicia.
El resto del año el marisco forma parte de la vida cotidiana. En las panaderías del pueblo es habitual encontrar empanadas de berberechos o de zamburiñas, y en muchas casas la caldeirada sigue siendo una forma común de preparar pescado y marisco cuando la captura lo permite.
Cómo llegar y cuándo ir
O Grove está a algo menos de una hora en coche desde Santiago de Compostela. Lo habitual es bajar por la autopista del Atlántico y continuar hacia la península de O Salnés por carretera comarcal. También hay conexiones en autobús con varias ciudades gallegas, aunque moverse por la península resulta más sencillo con coche.
En los meses centrales del verano el número de visitantes aumenta mucho y aparcar en el centro puede llevar tiempo. Fuera de esa temporada alta el ritmo es más tranquilo. La primavera y el inicio del otoño suelen ser buenos momentos para recorrer la costa, subir a Siradella o caminar por A Lanzada sin tanta gente alrededor. En invierno el pueblo queda más en manos de sus vecinos y del trabajo ligado al mar.