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sobre Ribadumia
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En el corazón de las Rías Baixas, Ribadumia discurre entre viñedos en emparrado, caminos rurales y pazos de piedra. Es un municipio de O Salnés de algo más de 5.000 habitantes, a baja cota, donde el albariño marca el paisaje y el calendario. Aquí se viene a caminar despacio, a fijarse en los muros cubiertos de musgo y a entender por qué esta franja de Galicia huele a mar aunque el Atlántico esté a pocos kilómetros.
Además del vino, Ribadumia guarda un patrimonio discreto: iglesias de aldea, cruceiros, hórreos y casas solariegas que aparecen entre parras y camelias. Por ubicación, encaja bien si quieres alternar interior y costa en el mismo día.
Qué ver en Ribadumia
- Iglesia de San Juan de Baión: románico rural, sobrio, con detalles antiguos que se aprecian sin prisas.
- Pazos: se reparten por el municipio; muchos son privados, así que lo habitual es verlos desde fuera, entre viñas y muros de piedra.
- Paisaje de viñedo: el emparrado crea sombras y pasillos verdes en temporada; fuera de ella, deja ver la estructura tradicional del cultivo.
Qué hacer
- Enoturismo: algunas bodegas de la D.O. Rías Baixas organizan visitas y catas; conviene reservar.
- Paseos y rutas cortas: caminos que conectan parroquias, capillas y pequeños altos, con cruceiros y hórreos a cada poco.
- Mesa local: productos de la ría cuando toca, pulpo, empanadas y cocina de temporada que va de la mano de un blanco fresco.
Mejor época
La zona luce especialmente con la vid en hoja, cuando el emparrado da sombra y el verde lo ocupa todo. En pleno verano hay más movimiento en toda la comarca; si buscas tranquilidad, mejor días entre semana o fuera de los picos de agosto.
Errores típicos
- Ir en agosto buscando calma: hay más tráfico y ambiente en toda la comarca.
- Encadenar bodegas sin reserva.
- Confundir “ver un pazo” con poder entrar: muchos se contemplan solo desde el exterior.