Artículo completo
sobre Sanxenxo
Ocultar artículo Leer artículo completo
Sanxenxo es como ese amigo que se compra el coche más caro del grupo y luego te lo recuerda cada vez que quedáis. Aquí las playas con bandera azul se cuentan por muchas —cada verano presumen de ser uno de los municipios con más— y el pueblo vive bastante cómodo con esa fama. Cuando llegas lo entiendes rápido: el mar está ahí mismo, todo gira alrededor de él y el verano se toma muy en serio.
Ahora bien, vamos al grano. Llegas en agosto y la cosa es… intensa. El municipio ronda los 18.000 habitantes en invierno, pero en pleno verano la población se dispara. Las calles, los aparcamientos, las playas: todo funciona a otro ritmo. Si te gusta el ambiente y el bullicio, lo vas a pasar bien. Si vienes buscando silencio, mejor mirar fechas fuera de temporada.
La playa de Silgar y cómo sobrevivir a agosto
La playa de Silgar es la postal clásica de Sanxenxo. La curva de arena, el paseo marítimo pegado a la playa y el agua bastante tranquila para lo que suele ser el Atlántico por esta zona. Bonita es, eso no hay que discutirlo.
El problema llega cuando coincide el buen tiempo con agosto. Entonces la arena se llena rápido, muy rápido. Algo parecido a intentar encontrar sitio en la M‑30 a las ocho de la mañana, pero con sombrillas.
La ventaja es que el municipio tiene más costa de la que parece cuando miras el mapa rápido. Si te mueves un poco en coche aparecen playas más abiertas. A Lanzada, por ejemplo, es larguísima y con bastante espacio incluso cuando hay gente. El paisaje cambia: menos paseo marítimo, más viento y ese aire de playa atlántica grande. Cerca está la ermita de A Lanzada, que lleva siglos plantada frente al mar y forma parte de esas imágenes que todo el mundo acaba fotografiando.
El paseo marítimo y el ambiente del centro
El paseo marítimo de Sanxenxo en verano funciona casi como una calle principal de ciudad: terrazas, tiendas, heladerías y mucha gente caminando arriba y abajo al atardecer. Hay quien viene más por ese ambiente que por la playa.
Si te saturas un poco del ruido, Portonovo está a un paseo corto. Es parte del mismo municipio pero el ambiente cambia. Sigue habiendo movimiento, claro, pero es algo más relajado y más ligado al puerto pesquero.
Los domingos suele montarse un mercadillo por la zona donde se mezclan puestos de ropa, utensilios de cocina, cosas que no sabías que necesitabas y comida preparada. Ese tipo de mercado donde acabas comprando algo sin saber muy bien por qué. Y en verano es habitual ver procesiones marítimas dedicadas a la Virgen del Carmen, con barcos acompañando la imagen por la ría.
Comer aquí suele ser fácil
Una cosa que Sanxenxo tiene bastante controlada es la comida. Estás en plena zona de rías, así que pescado y marisco aparecen en muchas cartas.
La caldeirada es uno de esos platos que siguen saliendo mucho: pescado de roca, patata, pimentón y caldo. Cocina de marineros de toda la vida, sin demasiadas vueltas.
Luego están los clásicos de Galicia: pulpo a feira, mejillones, berberechos cuando es temporada… cosas sencillas que, cuando el producto es bueno, no necesitan mucho más. Y para beber, Albariño de la zona. En O Salnés estás prácticamente en casa de esa uva.
Cuando necesitas descansar de la arena
Si te cansas de playa (que suele pasar al tercer o cuarto día), hay pequeñas excursiones cerca.
Por el municipio y los alrededores quedan varios pazos tradicionales, esas casas señoriales gallegas con escudos de piedra, hórreos y jardines bastante tranquilos. Algunos se pueden ver desde fuera dando un paseo por carreteras secundarias.
Otra opción sencilla es caminar por el entorno de A Lanzada. Hay senderos que recorren la costa y van pasando junto a cruceiros, esas cruces de piedra tan típicas de Galicia que aparecen en cruces de caminos, miradores o cerca de las iglesias. No es una caminata larga ni complicada, más bien de las que haces sin darte cuenta mientras miras el mar.
El lado más conocido del veraneo gallego
Desde hace décadas Sanxenxo arrastra fama de destino de veraneo bastante visible. En verano se mezclan familias, grupos de amigos, gente que viene solo a pasar el día y también algún personaje conocido que aparece por el puerto deportivo.
Esa mezcla forma parte del ambiente del lugar. Hay quien viene precisamente por eso: para pasear por el puerto al atardecer, ver los barcos y sentir que todo el mundo está de vacaciones al mismo tiempo.
Muy cerca está la isla de A Toxa, conectada por un puente corto. Allí el ambiente cambia un poco: balneario, jardines cuidados y una pequeña capilla cubierta de conchas que suele llamar bastante la atención cuando la ves por primera vez.
¿Compensa venir a Sanxenxo?
Depende de cuándo vengas y de lo que busques.
Si llegas en julio o agosto, toca asumir que hay mucha gente. A cambio tienes playas cuidadas, ambiente por la noche y bastante movimiento. Si vienes en junio o en septiembre, el mismo sitio se vuelve mucho más tranquilo y se disfruta de otra manera.
Mi consejo: úsalo como base unos días. Playa por la mañana, paseo por A Lanzada al atardecer y alguna excursión por la comarca de O Salnés. Sanxenxo funciona mejor así, a sorbos, no de golpe. Como un buen albariño: entra fácil, pero tampoco hace falta beberse la botella entera.