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sobre Mesía
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El Camino Inglés entra en Galicia por Ferrol y, antes de llegar a Santiago, atraviesa Mesía. Muchos peregrinos lo hacen en tres etapas y, cuando pasan por aquí, llevan ya las piernas acostumbradas al ritmo, aunque el paisaje cambia. El tramo entre Betanzos y Hospital de Bruma suele ser uno de los más tranquilos del camino: bosques de carballos y castaños, casas dispersas y la niebla que a menudo se queda en los valles del Tambre. Mesía no es un lugar donde la mayoría se detenga mucho tiempo. Es, más bien, territorio de paso.
La torre que no fue castillo
Cerca de la carretera que conecta A Coruña con Santiago se levanta la torre de Mesía. No es un castillo en sentido estricto, sino una torre de planta cuadrada con muros muy gruesos, levantada probablemente entre los siglos XIII y XIV. Formaba parte del sistema de casas fuertes que en la Galicia medieval servían tanto para defensa como para controlar los caminos.
Tradicionalmente se relaciona con el linaje de los Mesía, una familia hidalga con presencia en la zona. Desde allí se vigilaba el paso entre la costa coruñesa y el interior. El edificio mantiene bien su aspecto exterior, aunque el interior está reformado y no suele visitarse.
Más que la torre en sí, interesa dónde está situada. No ocupa una cumbre, sino una loma discreta junto a un cruce histórico de caminos. En muchas fortalezas rurales gallegas ocurre lo mismo: la función era controlar el territorio cercano, no levantar una fortaleza espectacular.
Un municipio muy disperso
Mesía tiene unos 2.300 habitantes repartidos en doce parroquias. La capital municipal es Xanceda, aunque no existe un casco urbano claro. El territorio se organiza en aldeas pequeñas y casas sueltas, separadas por prados, huertas y monte.
Esta dispersión forma parte de la estructura tradicional del campo gallego. Durante siglos cada familia vivía junto a sus tierras: casa, hórreo, cuadras y pequeñas parcelas alrededor. Aún hoy se reconoce ese patrón en el paisaje.
Recorrer Mesía significa conducir por carreteras comarcales que van enlazando parroquias. A ambos lados aparecen prados cerrados con muros bajos, robledales y zonas de monte. La ganadería de leche sigue teniendo bastante peso en la economía local, algo visible en las explotaciones que salpican el municipio.
Memoria de la Guerra de la Independencia
En la parroquia de Arxán se recuerda un episodio ligado a la Guerra de la Independencia. La tradición local habla de una capilla quemada por tropas napoleónicas en 1809 y de varios vecinos fusilados en la zona. La capilla se reconstruyó más tarde y conserva una losa con nombres asociados a aquel episodio. Es un recuerdo sencillo, más cercano a la memoria vecinal que a un gran monumento histórico.
Algo más antigua es la iglesia de Marzoa, en la parroquia del mismo nombre. Su origen se sitúa en el siglo XII, aunque ha sufrido reformas posteriores. Tiene una sola nave y ábside rectangular, una tipología muy habitual en el románico rural gallego.
En el alero todavía se ven algunos canecillos con figuras humanas y geométricas. No es un templo monumental, pero sirve para entender cómo se levantaban estas iglesias en aldeas pequeñas: piedra local, decoración escasa y una construcción pensada para durar.
El Camino Inglés por el sur del municipio
Aunque el municipio da nombre al tramo, el Camino Inglés no pasa por un núcleo llamado Mesía. Cruza varias parroquias del sur, entre ellas Buxán, Pastor y O Temple.
Los peregrinos que vienen de Betanzos entran por caminos de tierra que suben entre eucaliptos y robles. Durante bastante rato apenas se ven aldeas, solo casas aisladas y fincas ganaderas. En algunos tramos el sendero se mete en pequeños soutos de castaños donde el suelo suele estar húmedo.
Es un sector tranquilo del Camino Inglés. Los servicios son escasos y bastante dispersos, así que muchos peregrinos llevan agua o algo de comida desde la etapa anterior. A cambio encuentran silencio y un paisaje muy rural, con prados abiertos y ganado pastando cerca del camino.
Cómo moverse por Mesía
Mesía está aproximadamente a medio camino entre Santiago de Compostela y A Coruña, y se llega por carretera a través de las vías que conectan ambas ciudades y las comarcales que entran hacia el interior. El coche facilita bastante moverse entre parroquias.
Una vez dentro del municipio, lo habitual es recorrerlo sin rumbo muy fijo: pequeñas carreteras que enlazan aldeas, caminos agrícolas y algunos tramos del propio Camino Inglés.
Si se piensa caminar, conviene llevar calzado de sendero. El terreno suele estar húmedo buena parte del año. También es buena idea llevar algo de abrigo incluso en días templados: la niebla sube rápido desde los valles del Tambre.
Mesía no funciona como destino monumental. Lo interesante está en cómo se organiza el territorio: aldeas muy pequeñas, prados cerrados y caminos que llevan siglos conectando parroquias. Para quien tenga curiosidad por esa Galicia interior, es un buen lugar donde detenerse un rato.