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sobre As Neves
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El Miño se ensancha aquí sin prisa, como si dudara antes de cruzar la frontera. As Neves pertenece a la comarca de A Paradanta, en el sur de Pontevedra, y vive mirando al río que separa Galicia del norte de Portugal. Desde el castro de Altamira la vista abarca ambas orillas y ayuda a entender por qué durante siglos esta zona fue territorio de paso: mercancías legales, otras no tanto, y una frontera que en la práctica siempre fue más porosa de lo que marcaban los mapas.
Las historias de contrabando forman parte de la memoria local. Café, tabaco o telas cruzaban el río de noche en pequeñas embarcaciones. Hoy el tráfico es otro: pescadores, paseos en kayak y vecinos que cruzan a un lado u otro con la naturalidad de quien lleva generaciones haciéndolo.
El sabor de una tierra entre aguas
La lamprea sigue marcando el calendario gastronómico del Miño. Cuando empieza la temporada —habitualmente a finales del invierno y durante la primavera— aparecen en los bares y casas de comidas los carteles escritos a mano que anuncian el plato. La preparación más conocida es la lamprea a la bordelesa: se cocina con vino tinto y con la propia sangre del animal, una técnica antigua que aquí se mantiene casi sin cambios.
No es una receta que guste a todo el mundo, pero tiene devotos fieles. Mucha gente cruza desde la orilla portuguesa del Miño en cuanto empieza la temporada.
Fuera de esos meses, la cocina de la zona mira más al interior. El pote con grelos y unto sigue apareciendo en muchas mesas cuando refresca. En las parroquias del interior todavía es fácil ver piezas de unto curándose cerca del humo de la lareira durante el invierno.
Entre los dulces tradicionales aparece la tarta de chícharo, un bizcocho de almendra bastante común en el sur de Pontevedra. Su origen no está del todo claro, aunque a veces se relaciona con antiguas comunidades judías que circularon por las rutas comerciales hacia Portugal.
Cuando el pasado se viste de fiesta
En la parroquia de Ribarteme se celebra cada verano la conocida romería de Santa Marta de Ribarteme, una de esas fiestas que mezclan devoción, tradición y una cierta fama que ha ido creciendo con los años. La procesión de los llamados ofrecidos —personas que participan tras haber pasado por una enfermedad o un momento difícil— forma parte del ritual desde hace generaciones.
Ese mismo lugar acoge también, en torno al verano, una recreación histórica que toma como referencia el pasado romano de la zona. Es una celebración reciente si se compara con las romerías tradicionales, pero se ha ido integrando en el calendario festivo local.
En otras parroquias del municipio siguen celebrándose fiestas vinculadas al ciclo del año y al calendario agrícola. Algunas procesiones bajan hasta el río para bendecir el agua, una costumbre muy extendida en pueblos del Miño.
Caminos junto al río y entre castaños
El río condiciona también los paseos más interesantes del municipio. Hay senderos que siguen su curso entre pequeñas playas fluviales, zonas de vegetación densa y viejos pasos utilizados durante décadas por pescadores y barqueros.
En algunos tramos aparecen lagunas y remansos donde no es raro ver galápagos europeos tomando el sol en las piedras. La especie está presente en distintos puntos del Miño, y aquí encuentra zonas tranquilas donde el agua apenas corre.
Más hacia el interior, varios caminos remontan pequeños afluentes del río. En el valle del Xuliana sobreviven varios molinos hidráulicos tradicionales. Algunos están en ruinas y otros conservan parte de su estructura; aun así permiten entender cómo funcionaba esta pequeña red de molienda que abastecía a las aldeas cercanas.
El castro de Altamira exige una subida algo más larga. La cima ronda los cuatrocientos metros y aún se distinguen tramos de muralla de piedra. Como en muchos castros del noroeste, el lugar fue ocupado durante siglos y no solo en época prerromana: los hallazgos arqueológicos indican contactos con el mundo romano, seguramente vinculados a las rutas comerciales que seguían el valle del Miño.
Entre iglesias y huellas antiguas
La iglesia de Santiago de Ribarteme muestra bien cómo han ido cambiando estos edificios con el tiempo. La portada conserva rasgos románicos, mientras que otras partes del templo corresponden a reformas posteriores, probablemente de época moderna. Este tipo de mezclas es habitual en las parroquias rurales gallegas: se amplía cuando la comunidad puede permitírselo.
En la parroquia de Taboexa aparecen restos mucho más antiguos. Allí se conservan lagares rupestres excavados directamente en la roca, con pequeños canales por donde corría el mosto. Los arqueólogos los sitúan en época prerromana o romana temprana, aunque la datación exacta no siempre es sencilla. Los vecinos los conocen como a pedra dos viños y forman parte del paisaje desde hace tanto tiempo que nadie recuerda cuándo dejaron de utilizarse.
Cómo llegar y cuándo acercarse
As Neves queda al sur de la provincia de Pontevedra, no lejos de Salvaterra de Miño y de la autovía que conecta Vigo con el interior. El último tramo hasta el pueblo discurre por carreteras comarcales entre monte bajo, viñedos dispersos y plantaciones de eucalipto.
El otoño suele ser una época animada. Con la recogida de la castaña llegan los magostos, reuniones alrededor del fuego donde se asan castañas nuevas y se prueba el vino de la temporada. Son celebraciones muy extendidas en toda Galicia, pero en esta zona todavía conservan un carácter bastante vecinal.