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sobre Marín
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A primera hora de la mañana todavía es posible ver a los guardiamarinas cruzar la avenida en formación. Caminan desde la Escuela Naval con el paso que forma parte de su instrucción y, durante unos segundos, los coches esperan. Es una escena cotidiana que explica bastante bien el carácter del lugar: turismo en Marín significa entender un puerto que vive pendiente del mar y de la academia militar que ocupa buena parte de su fachada litoral.
Un puerto que fue ganando terreno al agua
Marín existe por una condición geográfica bastante concreta. En este punto la ría de Pontevedra se estrecha lo suficiente para quedar protegida de los temporales atlánticos, pero mantiene una entrada cómoda para los barcos. Esa combinación explica que aquí hubiera actividad marítima desde muy temprano.
En el siglo XVI ya hay noticias de pesca de sardina y de salazón en la orilla. Con el paso al sistema de conservas en el XIX, el puerto creció con rapidez y aparecieron fábricas de latas vinculadas a la pesca. Muchas mujeres de las parroquias cercanas trabajaron en esas tareas de limpieza y preparación del pescado, que durante décadas sostuvieron la economía local.
El crecimiento trajo un problema habitual en los puertos: el espacio. Gran parte del frente marítimo actual es terreno ganado a la ría. Primero llegaron los rellenos ligados al muelle comercial y, más tarde, las instalaciones pesqueras. Ese proceso terminó separando físicamente al casco urbano del agua. Quien escuche a los vecinos mayores oirá a menudo la misma historia: antes la ría estaba a la puerta de casa; ahora hay que caminar un poco más para verla.
Los petróglifos de Mogor
A pocos minutos del centro, en una ladera que mira hacia la ría, están los petróglifos de Mogor. Son uno de los conjuntos de grabados rupestres más conocidos de Galicia, con esas espirales y laberintos que aparecen una y otra vez en el arte atlántico de la prehistoria.
Se suelen datar varios milenios antes de nuestra era, aunque la interpretación de estos símbolos sigue abierta. Lo interesante del lugar es también el paisaje: desde las rocas se entiende bien la relación entre las comunidades antiguas y la ría, que funcionaba como vía de comunicación mucho antes de las carreteras actuales.
Las parroquias del interior
El municipio de Marín no es solo el puerto. Tierra adentro aparecen las parroquias rurales, donde el paisaje cambia rápido. Hay pequeñas explotaciones agrícolas, hórreos junto a las casas y carreteras secundarias que enlazan aldeas dispersas.
La iglesia de Santo Tomé de Piñeiro suele mencionarse como uno de los templos antiguos del municipio. El edificio actual ha tenido reformas a lo largo de los siglos, pero el interés está en el conjunto del entorno: cementerio, atrio y un puñado de casas de piedra que conservan la escala de la parroquia tradicional gallega.
Recorrer esta parte del término municipal ayuda a entender que Marín siempre ha tenido dos ritmos distintos: el del puerto y el del campo cercano.
La lonja y el peso del pescado
El puerto pesquero sigue marcando el día a día. De madrugada entran los barcos y la actividad se concentra alrededor de la lonja. Es entonces cuando se mueve el pescado que llegará pocas horas después a mercados de media España.
Durante décadas se concentró aquí una flota de arrastre importante, lo que situó a Marín entre los puertos pesqueros más activos del noroeste. Esa actividad tiene un efecto directo en la economía local: buena parte del producto de más valor sale rápidamente hacia otros mercados.
Por eso, en los bares del pueblo lo habitual son tapas pequeñas y muy ligadas a lo que haya entrado ese día. No es tanto una cuestión de cantidad como de disponibilidad: el mejor marisco suele tener destino fuera antes de que caiga la tarde.
Playas abiertas al Atlántico
Hacia el exterior de la ría aparecen varias playas que miran más directamente al Atlántico. Aguete, Portocelo u O Santo forman parte de ese tramo de costa donde el agua suele estar algo más fría y el viento de la tarde se deja notar.
En verano llega bastante público de Pontevedra y de otras ciudades cercanas. Aun así, el ambiente suele ser distinto al de la ría de Sanxenxo: playas más abiertas, menos urbanización alrededor y una sensación de litoral todavía bastante natural.
Cómo moverse
El núcleo urbano se puede recorrer caminando: desde la zona de la Escuela Naval hasta el puerto y el mercado municipal.
Para ver los petróglifos de Mogor o acercarse a las parroquias del interior conviene disponer de coche. Hay autobuses entre Pontevedra y Marín, pero las conexiones hacia las aldeas son más limitadas.
Una forma sencilla de organizar la visita es dedicar la mañana al puerto —cuando hay más movimiento— y dejar la tarde para las playas o para subir hacia la zona rural del municipio. Ahí el ritmo cambia y Marín se parece más a la Galicia de las parroquias que al puerto industrial que se ve desde la ría.