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sobre Poio
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El pueblo que tiene su propio récord (aunque nadie venga solo por eso)
Poio es como ese vecino que vive en un chalet con piscina pero se pasa el día en el garaje. Tiene playas y vistas a la ría que están muy bien, sí, pero la mayoría de la gente llega pensando en una cosa concreta: el monasterio y su hórreo.
El hórreo del monasterio de San Xoán de Poio es larguísimo. Más de cien metros de granero elevado sobre pilares, para entendernos. Cuando lo ves de frente parece que alguien hubiera alineado varios hórreos uno detrás de otro y hubiese dicho “hasta aquí”. Sirvió para guardar grano de varias parroquias de la zona, así que aquello tenía más lógica práctica que estética.
Y luego está el claustro con el famoso mosaico del Camino de Santiago. No es pequeño precisamente: ocupa una pared enorme y está hecho con miles de piezas de piedra. Es de esos sitios donde la gente entra en silencio y al minuto ya está buscando el punto exacto para la foto.
Cuando tu pueblo tiene teorías de conspiración mejores que Netflix
Aquí viene la historia que aparece en cualquier conversación larga en la zona. Según una teoría bastante defendida en Poio, Cristóbal Colón podría haber sido gallego y haber nacido en Portosanto.
La idea circula desde el siglo XIX y tiene defensores muy convencidos. Documentos, interpretaciones de textos antiguos, coincidencias de apellidos… también bastantes huecos, todo hay que decirlo. Pero es una de esas historias que el lugar ha hecho suyas.
En Portosanto hay una casa museo dedicada a esa teoría. Entras con curiosidad y sales pensando que, como mínimo, la hipótesis está trabajada. No sé si te convencerá, pero desde luego te deja dándole vueltas un rato.
Combarro y los hórreos junto al mar
Si Poio fuera un grupo de WhatsApp, Combarro sería el que siempre manda fotos. Es la parte del municipio que más se ve en postales y en Instagram, sobre todo por una razón muy clara: los hórreos alineados junto al agua.
Aquí hay decenas y decenas, muchos pegados literalmente a la ría. La imagen es bastante singular: hórreos, casas marineras de piedra, cruceiros y barcas amarradas a pocos metros. No sé si realmente es la mayor concentración de hórreos de Galicia, como se suele decir, pero desde luego hay un buen puñado.
El paseo por el casco antiguo es corto. En una media hora tranquila ya lo has recorrido entero. Lo interesante es hacerlo sin prisa, fijándote en detalles: los escudos en las fachadas, los cruceiros del siglo XVIII y las puertas que dan directamente al mar.
La ría también se come
La ría de Pontevedra marca mucho lo que acaba en el plato por aquí. Marisco, moluscos y pescado que llega de la zona o de las lonjas cercanas.
Los chocos son bastante habituales en las cartas de la zona, igual que los mejillones o los berberechos de las bateas de la ría. Son sabores muy reconocibles: producto sencillo, poca complicación y listo.
También es fácil encontrarse empanadas de maíz con rellenos de marisco o pescado. Es uno de esos platos que aquí parecen lo más normal del mundo y que cuando vuelves a casa echas de menos.
Un consejo sencillo: pasea por el puerto de Combarro a media mañana o al final de la tarde. No siempre coincide con la llegada de los barcos, pero cuando los ves descargar entiendes rápido de dónde sale buena parte de lo que se come por aquí.
Verano en Poio
Cuando llega el verano Poio cambia bastante. La población aumenta y la zona de costa —Raxó, Samieira, el entorno de San Xoán— se llena de gente que viene a pasar el día o las vacaciones.
Las playas no son enormes, pero funcionan bien para pasar la tarde y meterse en el agua cuando aprieta el calor. La ría suele estar tranquila, así que el baño es bastante agradecido.
A mediados de julio suele celebrarse la procesión marinera del Carmen en Combarro. Barcos decorados, la imagen de la virgen recorriendo la ría y bastante ambiente en el puerto. Es una de esas celebraciones muy ligadas a la tradición marinera.
Y hacia finales de agosto se reúne bastante gente en el entorno del monasterio por la romería de Santa Trahamunda. Es una mezcla curiosa de devoción, comida y fiesta popular.
Poio, al final, no funciona solo como pueblo de playa ni solo como visita cultural. Es más bien una mezcla de las dos cosas. Puedes pasar la mañana viendo el monasterio, bajar luego a Combarro, comer mirando la ría y terminar el día con un paseo tranquilo. Ese tipo de plan que sale fácil cuando todo está a pocos kilómetros.