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sobre Salvaterra de Miño
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El Miño huele a hierba mojada y a algo dulzón cuando el sol empieza a calentar. En la orilla, un hombre saca una red del agua con movimientos pausados. Es mediodía de mayo y Salvaterra de Miño despierta despacio, con persianas que se levantan a medias y el murmullo de voces que llega desde dentro de los bares. Desde el puente se ve el castillo, allá arriba, vigilando el río.
El vino que se bebe mirando a Portugal
En la plaza del Ayuntamiento, a media mañana, algunas mesas empiezan a ocuparse. No hay mucho ruido todavía: un par de conversaciones, el tintinear de vasos, el sonido seco de las sillas arrastrándose sobre el suelo. El vino del Condado suele servirse en vasos pequeños, sin ceremonias.
El aire trae olor a pan reciente y, según el día, a grelos cocinándose en alguna casa cercana. Si te quedas un rato, alguien acaba mencionando que esta comarca fue de las primeras en Galicia en celebrar una fiesta dedicada al vino, allá por finales de los años cincuenta. La Festa do Viño, que se celebra a finales de agosto, sigue teniendo bastante de reunión popular: música, puestos, gente probando la cosecha del año.
El castillo sobre el río
Subir al castillo es una cuesta corta pero constante. Las piedras que se ven hoy son en gran parte del siglo XVII, levantadas en tiempos de guerras con Portugal. La historia local mezcla esos datos con otra más antigua: la de la reina Urraca, que según la tradición pasó por aquí a comienzos del siglo XII.
Desde lo alto, el Miño parece una lámina ancha y lenta que separa Galicia de Portugal. En el interior del recinto está el Museo da Ciencia do Viño, un espacio pequeño donde se explica cómo el río, el suelo y el clima marcaron el tipo de viña que se cultiva aquí. Huele a madera y a humedad de piedra vieja.
Cuando el Miño se vuelve playa
A un par de kilómetros del centro, el río se ensancha y aparece una playa fluvial amplia, con arena clara. En los meses más cálidos se llena de familias: niños entrando al agua con cautela, mesas plegables. El agua suele estar fría; la mayoría entra poco a poco.
Hay árboles que dan sombra durante buena parte de la tarde, y el sonido del río se mezcla con las cigarras. Fuera del verano alto el ambiente cambia mucho. En primavera, algunos días puedes caminar por la arena sin cruzarte con casi nadie.
Lo que suele comerse por aquí
En las casas y en muchas cocinas de la zona sigue apareciendo el carne ao caldeiro, cocida durante horas con laurel y pimentón hasta que la carne se separa sola. Llega a la mesa con cachelos y algo de caldo por encima.
En temporada también se habla de lamprea, sobre todo cuando el Miño está en plena campaña. Es un plato particular, con un sabor fuerte que no todo el mundo lleva bien. Tradicionalmente se prepara con vino tinto y su propia sangre.
Si buscas algo más sencillo, la empanada —de bacalao, de carne o de lo que toque ese día— aparece en casi cualquier reunión familiar o fiesta local.
Cómo llegar y cuándo venir
Salvaterra de Miño queda a algo menos de media hora en coche desde Vigo si el tráfico acompaña. También hay tren hasta la estación de Guillarei, en Tui; desde allí se puede continuar por carretera. Conviene mirar horarios con tiempo porque no siempre hay muchas frecuencias.
Si vienes en coche, lo más cómodo es dejarlo cerca de la avenida de Portugal y moverte andando. El centro es pequeño y el castillo siempre sirve de referencia.
La primavera suele ser un buen momento: el río baja lleno y las buganvillas empiezan a cubrir algunos muros. Agosto tiene más ambiente por las fiestas del vino, aunque también llegan más coches. Si prefieres caminar por las calles y por la orilla sin aglomeraciones, prueba en mayo o principios de junio.