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sobre Vedra
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Hay pueblos en los que el móvil no pilla ni una raya. Y luego está Vedra. Estás rodeado de fincas, con el río Ulla cerca y más tractores que coches, y de pronto ves un cartel anunciando fibra óptica. Turismo en Vedra tiene ese punto raro: paisaje rural de toda la vida, pero con mejor internet que muchos barrios de ciudad.
La primera vez que lo comenté con un vecino me dijo algo así como: “Aquí el problema nunca fue el Wi‑Fi. El problema es que luego no te quieres ir”.
El truco de Vedra: estar cerca de Santiago sin parecerlo
Vedra está a un rato corto de Santiago. En coche se llega rápido. Pero cuando entras en el municipio la sensación cambia bastante.
No parece la periferia de una ciudad. Las parroquias están dispersas, las casas aparecen entre huertas y pequeños bosques, y el ritmo es otro. Aquí lo normal es cruzarte con alguien que viene de trabajar la finca o que está cargando leña en el remolque.
Esa cercanía con Santiago tiene su lado práctico. Mucha gente vive aquí y trabaja allí. O baja a la ciudad para gestiones y vuelve a dormir en el pueblo. Es ese equilibrio raro entre campo y ciudad que en Galicia se repite bastante, pero que aquí se nota especialmente.
Paseos junto al Ulla que se alargan más de lo previsto
El río Ulla marca bastante el paisaje de Vedra. Si te acercas a la zona de Sarandón o a los caminos que bajan hacia el río, empiezan a aparecer senderos que invitan a caminar sin mucha planificación.
El típico plan de “vamos a dar una vuelta” puede acabar siendo una caminata larga. Me pasó hablando con una pareja que venía de Vigo. Pensaban caminar un rato junto al río y volver. Cuando nos cruzamos ya llevaban bastantes kilómetros y todavía les quedaba regresar al coche.
Por esta zona pasan varias rutas señalizadas y caminos tradicionales que conectan aldeas, molinos y pequeñas áreas de ribera. No todo es llano. Hay cuestas que te recuerdan rápido que estás en Galicia. Pero el paisaje compensa: el Ulla serpenteando entre árboles y parcelas, con ese silencio que solo rompen los pájaros o algún tractor lejano.
Fiestas de parroquia: vino, orujo y comida sin muchas complicaciones
En Vedra las celebraciones no se concentran en un único gran evento municipal. Cada parroquia mantiene sus propias fiestas y romerías, como pasa en muchos pueblos gallegos.
En la zona de Sarandón, por ejemplo, suele organizarse una fiesta alrededor del vino de la comarca del Ulla. No es una zona de grandes bodegas, pero hay tradición y orgullo por lo que se produce allí.
En otras parroquias el protagonista puede ser el orujo o algún plato muy concreto. La oreja de cerdo, por ejemplo, tiene su propia celebración en una de las parroquias del municipio. Si caes ese día, lo normal es que acabes comiendo en mesas largas, con gente que se conoce de toda la vida y que te pregunta de dónde vienes antes de llenarte el plato otra vez.
No es un evento pensado para turistas. Es más bien una excusa para juntarse.
El puente de Gundián y el Ulla visto desde arriba
Uno de los puntos más curiosos del municipio es el entorno del puente de Gundián. Es una estructura alta sobre el valle del Ulla, por donde pasa la línea de tren que conecta Santiago con el interior de Galicia.
Desde algunos caminos cercanos se ve el río bastante abajo y el tren cruzando el puente. Cuando coincide el momento, la escena tiene algo hipnótico: el convoy avanzando despacio sobre el valle y el río moviéndose mucho más abajo.
La zona también es conocida entre la gente que baja el Ulla en kayak cuando el caudal lo permite. Suelen parar por aquí a descansar un rato antes de seguir río abajo.
Pazos antiguos y una iglesia donde siempre hay silencio
Vedra conserva varios pazos repartidos por el municipio. Algunos se ven bien desde los caminos, con sus muros de piedra, escudos familiares y árboles grandes en la entrada.
El de Ximonde es probablemente el más conocido. Tiene ese aire de casa señorial gallega que uno imagina cuando piensa en historias antiguas de la nobleza rural. Otros, como el de Guimaráns o el de Ortigueira, son más discretos. Algunos parecen medio dormidos, como si llevaran siglos viendo pasar estaciones sin demasiada prisa.
En el centro de Vedra está la iglesia de Santa María. No es una iglesia monumental ni llena de dorados. Pero tiene algo que en lugares más visitados cuesta encontrar: silencio. Puedes entrar un martes cualquiera, sentarte un momento en un banco y no oír absolutamente nada.
Y eso, tan cerca de Santiago, ya es bastante raro.
Vedra no compite por ser el pueblo más famoso de Galicia. Ni falta que le hace. Es uno de esos sitios donde la vida sigue su curso normal: fincas, kiwis creciendo en las huertas, gente que va y viene de Santiago y vecinos que todavía se paran a charlar en medio de la carretera.
Si pasas por aquí un domingo por la mañana y das una vuelta cerca del Ulla, lo entenderás rápido. No es un lugar que te deje con la boca abierta. Pero tiene ese tipo de calma que, cuando vuelves a casa, echas un poco de menos.