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sobre Paradela
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Paradela es un poco como cuando te desvías de la carretera principal “a ver qué hay por aquí” y acabas en una zona donde todo va a otro ritmo. Casas sueltas, prados, alguna nave ganadera, humo saliendo de una chimenea aunque no haga tanto frío. El turismo en Paradela tiene bastante de eso: no hay un sitio concreto al que ir corriendo, más bien es cuestión de moverse despacio y mirar alrededor.
Este municipio de la comarca de Sarria está formado por parroquias y aldeas pequeñas —Castro de Rei, Souto, O Pazo y otras— donde la vida sigue bastante ligada al campo. El paisaje es el típico del interior de Lugo: praderas con vacas, colinas suaves y manchas de bosque donde aparecen castaños y robles. Las carreteras secundarias van enlazando núcleos diminutos y, si te bajas del coche, enseguida ves caminos de tierra que cruzan entre fincas.
Es el tipo de lugar donde un paseo cualquiera acaba teniendo más gracia de la que parecía al empezar. Un muro cubierto de musgo, un hórreo torcido por los años, una pila de leña recién cortada. Detalles pequeños, pero que cuentan cómo se vive aquí.
La iglesia de Santa María y el centro administrativo
Si hay un punto que funciona como referencia en Paradela es la iglesia de Santa María. No es un templo espectacular ni pretende serlo. Tiene esa sobriedad de muchas iglesias rurales gallegas, con piedra oscura y un entorno tranquilo alrededor.
El edificio actual se levanta sobre estructuras antiguas y ha tenido reformas con el paso de los siglos. Dentro se conservan elementos barrocos en el altar mayor, que contrastan con la sencillez del exterior. Los domingos todavía se reúne gente de las parroquias cercanas, algo bastante habitual en municipios donde las casas están tan dispersas.
Alrededor se concentra también la pequeña zona administrativa del municipio: ayuntamiento, algún servicio básico y poco más. Nada que ver con una plaza mayor al estilo castellano; aquí todo está más repartido.
Aldeas dispersas y arquitectura que sigue en uso
Una de las cosas que más llama la atención cuando recorres Paradela es que no existe un casco urbano compacto. Las casas aparecen en grupos pequeños o directamente aisladas, rodeadas de huertas y prados.
En muchos caminos te encuentras hórreos todavía en uso, algo que en otras zonas ya se ve menos. También hay cabazos y pequeños cobertizos de piedra donde se guarda herramienta o leña. Algunas viviendas mantienen elementos antiguos —cornisas de piedra labrada, cierres de madera, portales grandes para meter el tractor— mientras que otras mezclan granito con reformas más modernas.
No hay una estética uniforme. Y casi mejor así, porque cada casa cuenta un poco su historia.
Cruceiros y caminos antiguos
Si caminas un rato por las aldeas acabarás encontrando cruceiros. A veces están en un cruce claro de caminos y otras aparecen junto a una casa o al lado de una pequeña explanada.
Muchos se levantaron en el siglo XIX, aunque algunos podrían ser anteriores. Más que monumentos, funcionan como señales del paisaje. Cuando llevas un rato andando por pistas entre prados, ver uno de estos cruces de piedra te da la sensación de estar siguiendo rutas que la gente lleva usando generaciones.
Y también ayudan a orientarse, que en esta zona no siempre es tan obvio.
Pasear sin demasiada planificación
Paradela no es un sitio de rutas famosas ni de paneles interpretativos cada diez metros. Aquí lo normal es aparcar en una aldea, cerca de una fuente o de un pequeño cruce, y empezar a caminar por los caminos que vayan saliendo.
En media hora o una hora ya habrás pasado por varios grupos de casas, prados abiertos y algún pequeño arroyo. El terreno suele ser suave, con subidas cortas pero llevaderas.
Si vienes esperando una red de senderos perfectamente señalizados, quizá se quede corto. Pero si te gusta caminar sin mucha prisa y ver cómo es el paisaje rural real del interior de Lugo, funciona bastante bien.
Lo que se come por aquí
En Paradela la comida gira más alrededor del producto que del plato pensado para quien viene de fuera. Pan hecho en casa o en hornos del entorno, verduras del huerto, carne de la zona y, cuando llega el otoño, muchas castañas.
Todavía es relativamente habitual que algunos vecinos vendan excedentes de temporada: castañas, miel o verduras. No siempre lo verás anunciado; a veces simplemente aparece un pequeño cartel o alguien te lo comenta.
No tiene nada de sofisticado, pero refleja bastante bien cómo sigue funcionando la economía local.
Fiestas que siguen el calendario rural
Durante el verano varias parroquias celebran sus romerías alrededor de advocaciones como San Antonio o Santa María Magdalena, aunque cada lugar organiza la suya en fechas distintas. Son celebraciones sencillas: procesión corta, música tradicional y gente de las aldeas cercanas reuniéndose.
En otoño llega el magosto, que aquí todavía conserva bastante ambiente de reunión vecinal. Fuego, castañas y charla larga. El plan no cambia demasiado desde hace generaciones.
¿Merece la pena acercarse?
Te lo digo claro: si buscas museos, miradores espectaculares o un casco histórico lleno de edificios antiguos, Paradela probablemente se te quede corta.
Pero si te interesa entender cómo es el interior rural de esta parte de Galicia, sin grandes decorados ni rutas convertidas en atracción, entonces tiene su punto. Es ese tipo de sitio donde un paseo de una hora te enseña más sobre el territorio que un panel lleno de explicaciones.
Mi consejo: ven con calma, aparca en una aldea cualquiera y camina un rato. Media mañana basta para hacerse una idea. Luego sigues ruta por la comarca de Sarria y te llevas la sensación de haber visto un trozo bastante real de la Galicia interior.