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sobre Samos
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En la montaña lucense, donde el Camino Francés avanza entre valle y bosque, aparece Samos: un municipio pequeño (unos 1.300 habitantes) y tranquilo, atravesado por el río Sarria. Aquí el paisaje marca el ritmo: robledales, castaños, nieblas de mañana y piedra húmeda en las calles. El gran reclamo es su monasterio benedictino, pero conviene quedarse un poco más para entender la Galicia rural que lo rodea.
Qué ver en Samos
El Monasterio de San Julián de Samos concentra buena parte de la visita. Fundado en el siglo VI, sigue con vida monástica. La fachada barroca abre paso a un conjunto de épocas distintas, con dos claustros muy diferentes: el de las Nereidas (renacentista) y el Claustro Grande, de gran tamaño. En la iglesia abacial llaman la atención el retablo barroco y la capilla del Salvador, de estilo mozárabe. Hay visitas guiadas; mejor revisar horarios según temporada.
Junto al monasterio está la Capilla del Ciprés, vinculada a la tradición de Santo Oribio y a un ciprés muy antiguo.
Para rematar, un paseo por el casco: casas de piedra, hórreos, cruceiros y el puente medieval sobre el Sarria, especialmente agradecido a última hora.
Qué hacer
Samos se vive a pie. Tanto si llegas como peregrino como si vienes en coche, hay senderos que conectan con aldeas del municipio y suben hacia zonas más altas. Son caminatas de dificultad baja a media, con buen ambiente de bosque.
En la mesa manda el recetario de siempre: platos de cuchara, productos de temporada (setas, castañas, miel) y quesos de la zona. También es típico el licor de hierbas elaborado por los monjes.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por el entorno del monasterio y, si encaja con el horario, visita por dentro.
- Parada en la Capilla del Ciprés.
- Vuelta corta por el puente medieval y las calles junto al río.
Errores típicos
- Llegar tarde y encontrarse el monasterio cerrado o sin visitas: conviene mirar horarios antes.
- Ir en fin de semana en temporada alta pensando que será rápido: suele haber más movimiento por el Camino.
- Quedarse solo con el monasterio: el paseo hasta el puente y el río completa la visita.