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sobre Cospeito
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Hay un momento, justo cuando dejas atrás Lugo y la autopista se convierte en una carretera comarcal, en el que empiezas a ver más vacas que coches. Ese suele ser el momento en el que sabes que estás entrando en Cospeito. Y no es solo una forma de hablar: la Terra Chá vive de la ganadería y aquí el paisaje es básicamente prados, establos y tractores yendo de un lado a otro. Hay quien dice que en el municipio hay varias veces más reses que vecinos. Cuando llevas diez minutos conduciendo por la zona, te lo crees sin problema.
Un municipio sin “centro” claro
Cospeito es de esos sitios que desconciertan un poco la primera vez. El ayuntamiento no está en un pueblo llamado Cospeito, sino en Feira do Monte. Y cuando llegas entiendes rápido cómo funciona todo: una iglesia, el edificio municipal, algunas casas alrededor y la vida que pasa sin prisa.
El municipio se reparte en una veintena de parroquias y más de doscientos núcleos pequeños. Dicho de otra forma: aquí hay más cruces de caminos que calles largas. Si vienes buscando un casco histórico compacto, como en otras villas gallegas, te vas a quedar mirando el mapa con cara rara.
La primera vez que vine me pasé un buen rato intentando encontrar “el centro”. Un vecino me vio dando vueltas con el coche y me dijo algo bastante sensato: “Aquí el centro depende de dónde tengas la comida”. No iba desencaminado. Cospeito se entiende mejor moviéndose de parroquia en parroquia.
La laguna de Cospeito
El lugar más conocido del municipio es la laguna de Cospeito, también llamada laguna de Valverde. Es un humedal bastante amplio en medio de la llanura chairega y funciona como refugio para muchas aves, sobre todo en ciertas épocas del año.
Alrededor hay un recorrido que bordea la laguna. No es una caminata exigente y mucha gente de la zona lo usa para pasear o venir con niños. Si te gusta observar aves o simplemente caminar sin ruido de coches, es un buen sitio para parar un rato.
También circula una de esas leyendas que aparecen en muchos humedales gallegos: la de un pueblo que habría quedado bajo el agua tras negar ayuda a un forastero. Historias así las oyes en varios lugares de Galicia, pero aquí la cuentan con bastante convicción.
A última hora del día el paisaje cambia bastante. La niebla baja de los prados, las vacas se ven a lo lejos como manchas oscuras y el silencio es casi total. Si te cruzas con alguien, lo normal es que sea un ganadero revisando el ganado más que otro visitante.
Filloas y fiestas que siguen siendo del pueblo
Si hay un día en el que Cospeito se llena de verdad es durante la fiesta de la filloa en Muimenta, que suele celebrarse a comienzos de mayo. La cosa gira en torno a lo que parece: planchas calientes, masa de filloa y bastante gente probando una tras otra.
Lo interesante no es tanto el tamaño del evento como el ambiente. Mucha gente viene de parroquias cercanas, familias enteras, grupos de amigos… y las conversaciones suelen acabar comparando quién las hace más finas o con mejor punto de caldo o de leche.
El resto del año el calendario se mueve entre romerías y fiestas patronales repartidas por las parroquias, sobre todo en verano. Una bastante conocida en la zona es la de la Virxe do Monte, en Sistallo, que reúne a mucha gente de los alrededores y mantiene esa mezcla de celebración religiosa y comida al aire libre que en Galicia sigue muy viva.
Pazos, castros y restos curiosos
Si te apetece moverte un poco por el municipio, hay varios puntos históricos dispersos. En Sistallo está el pazo del mismo nombre, una construcción del siglo XVIII vinculada a una familia con cargos en la administración colonial. Es propiedad privada, pero se puede ver desde el exterior.
También hay varios castros repartidos por la zona —como los de Pacio, Teixiro o Turrillón— que recuerdan que esta llanura estuvo habitada mucho antes de que aparecieran las aldeas actuales. No esperes grandes murallas ni centros de interpretación; en muchos casos son elevaciones del terreno cubiertas de vegetación. Aun así, desde arriba se entiende bien cómo domina el paisaje.
Y luego están las Torres de Arneiro, en un monte cercano. Durante décadas hubo allí instalaciones de comunicaciones que generaron bastantes historias en la zona sobre su origen y su uso. Un temporal fuerte a finales de los años 2000 tiró varias de esas estructuras y el asunto salió incluso en las noticias.
Por cierto: Cospeito suele aparecer también en las biografías del actor Luis Tosar, que nació en el municipio. No hay monumentos ni nada parecido; simplemente es uno de esos datos que la gente del lugar comenta con naturalidad.
Cómo (y por qué) acercarse a Cospeito
No es el típico destino al que se viene a tachar monumentos de una lista. Cospeito funciona mejor con otro ritmo: coche, carreteras secundarias, parar en una parroquia, seguir hasta otra.
Un plan bastante razonable es acercarse a la laguna, dar el paseo alrededor, recorrer alguna aldea cercana y terminar comiendo en cualquiera de los sitios sencillos que hay por la zona. La cocina aquí sigue muy pegada al campo: cocidos, carne, filloas cuando toca.
En un día puedes hacerte una idea bastante clara del lugar. Y si te quedas más tiempo, lo que acabas recordando no son grandes monumentos sino escenas muy concretas: un tractor cruzando la carretera, la niebla levantándose sobre los prados o una conversación improvisada con alguien del pueblo.
Es ese tipo de sitio que no intenta llamar la atención. Simplemente sigue funcionando a su manera.