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sobre A Teixeira
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A las cinco de la tarde, una brisa fresca atraviesa los castaños del souto de Vilariño, en A Teixeira. La luz entra baja entre los troncos y dibuja sombras largas sobre los caminos de tierra y los muros de granito. Apenas se oye un coche. Solo hojas secas, algún mirlo y, de vez en cuando, el golpe metálico de una puerta que se cierra en una casa cercana.
A Teixeira tiene poco más de trescientos habitantes y forma parte de la Terra de Caldelas, al sur de Ourense. El municipio se reparte en pequeñas aldeas que aparecen entre laderas cubiertas de monte. Casas de granito con tejado de pizarra, hórreos levantados sobre pilares y huertas pegadas a los muros. En invierno, el olor a leña quemada suele quedarse flotando en el aire frío de la mañana.
Aldeas y caminos de A Teixeira
Gran parte de lo que hay que ver en A Teixeira está en los detalles. Hornos de pan integrados en las casas. Cruces de piedra junto a los caminos. Lavaderos donde todavía quedan marcas claras en la piedra lisa.
Entre aldeas como Vilariño, O Monte o A Carreira aparecen fuentes antiguas y pequeños lavaderos cubiertos de musgo. El agua cae despacio y el sonido se mezcla con el viento que baja del monte. A veces también surgen pequeñas capillas o nichos con imágenes religiosas protegidas por cristal. Son discretos, casi siempre pegados a un muro.
El paisaje cambia mucho según la estación. En otoño los soutos se llenan de hojas amarillas y marrones que crujen al caminar. En primavera el verde se vuelve espeso y algunos senderos se cierran un poco bajo las ramas.
Cómo recorrerlo tomándose su tiempo
Las pistas que unen las aldeas suelen ser sencillas de seguir. Algunas están asfaltadas y otras siguen siendo caminos de tierra con piedras sueltas. Después de varios días de lluvia conviene caminar con cuidado porque las hojas húmedas resbalan bastante.
Madrugar tiene su recompensa. A primera hora el monte está tranquilo y es más fácil ver movimiento entre los arbustos. Corzos, sobre todo. También se oyen rapaces sobrevolando los claros del bosque.
Si te interesa recoger setas, es terreno donde tradicionalmente se ha hecho. Pero conviene ir con conocimiento. Hay especies fáciles de confundir y el monte aquí es denso en algunas zonas.
Tradiciones locales
Las parroquias del municipio mantienen fiestas patronales durante el verano. Cada aldea tiene su calendario y sus costumbres. Lo habitual es ver procesiones cortas por las calles, música tradicional y vecinos que vuelven esos días aunque vivan fuera el resto del año.
En otoño llega el tiempo del magosto. Castañas asadas sobre brasas, humo mezclado con el aire frío y vino nuevo circulando entre conversaciones largas. No ocurre siempre el mismo día ni en el mismo lugar. Depende mucho de cada parroquia.
Lo que quizá no te cuentan
A Teixeira engaña un poco en el mapa. Las distancias parecen cortas, pero las carreteras serpentean y las pendientes hacen que todo lleve más tiempo del previsto.
También es normal que la cobertura del móvil falle fuera del núcleo principal. Algunas pistas se meten bajo el bosque y el GPS pierde señal. Cuando eso pasa, lo más sensato suele ser preguntar a quien pase por allí. En estos pueblos todavía se habla mucho en los caminos.
Un paseo corto por los alrededores
Con una o dos horas basta para entender el ritmo del lugar. Aparcar en un pequeño núcleo y caminar hacia la aldea siguiente ya deja ver cómo se conectan las casas, los prados y los caminos.
Conviene fijarse en dónde se deja el coche. Algunas entradas que parecen plazas abiertas son en realidad accesos a fincas. Si dudas, mejor dejarlo un poco más lejos y terminar el trayecto andando.
El calzado también importa. Con suela lisa se pasa mal cuando el suelo está mojado. Y si una pista empieza a cerrarse demasiado entre la vegetación, suele ser mejor darse la vuelta que seguir confiando en el GPS.
Cuándo ir
El otoño suele ser el momento más agradecido para caminar por A Teixeira. Los castaños cargados, el suelo cubierto de hojas y ese olor dulce a humo que sale de las chimeneas al caer la tarde.
En verano el monte está más seco y los caminos se recorren bien, aunque algunas fiestas locales pueden traer más movimiento en las aldeas. Si prefieres silencio, los días laborables y las primeras horas de la mañana siguen siendo el mejor momento para pasear por aquí.