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sobre Quintela de Leirado
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En la Terra de Celanova, entre lomas verdes y fincas pequeñas, Quintela de Leirado conserva esa Galicia rural que va a su ritmo. Es un municipio ourensano de poca población, con aldeas dispersas, casas de piedra, hórreos y caminos donde el silencio pesa más que el tráfico. No hay “grandes hitos”: se viene a caminar sin prisa, mirar alrededor y entender cómo se organiza el territorio cuando la vida gira alrededor del campo.
La cercanía a Celanova ayuda a redondear el día: allí tienes un conjunto monumental de primer nivel, con el monasterio de San Salvador y la capilla mozárabe de San Miguel (siglo X).
Qué ver
- Arquitectura tradicional: hórreos, cruceiros, fuentes, lavaderos y construcciones auxiliares repartidas por las aldeas. Aquí lo bonito es irlos encontrando.
- Iglesia parroquial: el edificio y su entorno, con ese aire de lugar de reunión.
- Paisaje agrario: praderas, huertos, robles y castaños, y una red de pistas y caminos tranquilos.
Qué hacer
- Paseos cortos entre aldeas, sin grandes exigencias: buenos para una mañana lenta.
- Leer el paisaje: cierres de fincas, eiras y pequeños detalles que explican el día a día.
- Comer en la comarca: cocina de interior con cocido, carne, embutidos y quesos; y, según el día, pulpo.
Si solo tienes 2 horas
- Recorre una aldea a pie y enlaza caminos rurales para ir viendo hórreos y cruceiros.
- Si quieres completar con piedra y patrimonio, acércate a Celanova para el monasterio y la capilla de San Miguel.
Errores típicos
- Ir con prisas: aquí los planes funcionan mejor si se camina y se para a mirar.
- Confiarlo todo al móvil: en caminos rurales puede fallar la cobertura; conviene llevar mapas descargados.
- Meterse por pistas sin salida: mejor elegir un recorrido corto y claro y guardar margen para dar la vuelta.
Información práctica
Cómo llegar: desde Ourense, el acceso habitual es por la N-540 hacia Celanova y luego carreteras locales.
Mejor época: primavera y otoño suelen dar el paisaje más agradecido. En verano hay más ambiente por las fiestas; en invierno, más quietud y días cortos.