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sobre Meira
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En la Galicia interior, entre valles suaves y carballeiras, Meira es una villa tranquila y capital comarcal de la Terra de Meira. Con unos 1.500 habitantes y a unos 480 metros de altitud, aquí el ritmo lo marcan las estaciones y la vida diaria: la plaza, los recados, el campo alrededor.
El núcleo principal conserva bastante piedra y arquitectura tradicional, mezclada con edificaciones más recientes sin grandes estridencias. Es un lugar para caminar sin prisa y tomarlo como base para asomarse a aldeas cercanas donde la Galicia rural sigue mandando.
Qué ver en Meira
- Iglesia parroquial en el centro, referencia del pueblo y buen punto de partida para orientarse.
- Cruceiros en caminos y encrucijadas, muy ligados a la religiosidad popular.
- Arquitectura popular: casas de piedra, hórreos y construcciones auxiliares agrícolas. Algunas casonas con escudo recuerdan un pasado más acomodado, pero lo que manda es lo cotidiano.
En el entorno, el paisaje alterna prados, pequeñas carballeiras y sotos. Los arroyos y la vegetación de ribera suavizan las rutas a pie.
Qué hacer
- Paseos y senderismo suave por pistas y caminos entre aldeas: baja dificultad y muchos detalles (hórreos, capillas, muros de piedra).
- Fotografía: nieblas de mañana, luz baja al atardecer y textura de la piedra tras la lluvia.
- Cocina de interior: guisos y platos de temporada con productos de huerta y carne; más de cuchara que de escaparate.
Fiestas y tradiciones
En verano, las fiestas patronales animan el pueblo y suele coincidir con el regreso de gente que vive fuera. También se celebran ferias de ganado y productos agrícolas en distintos momentos del año, vinculadas a la tradición comercial de la zona.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por el centro y parada en la iglesia parroquial.
- Callejea un poco sin rumbo, fijándote en cruceiros, hórreos y muros de piedra.
- Sal del núcleo por cualquier camino cercano y date un paseo corto entre prados y bosque antes de volver.
Mejor época
Entre mayo y octubre el tiempo suele acompañar más y el paisaje está especialmente vivo. En otoño el color compensa, pero la tarde se enfría rápido: la altitud se nota en cuanto baja el sol.