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sobre Ribeira de Piquín
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En la Terra de Meira, entre montes lucenses y valles estrechos, Ribeira de Piquín mantiene ese ritmo lento de la Galicia interior. Con poca población y aldeas dispersas, aquí manda el paisaje: prados, bosques y cursos de agua que van marcando el terreno. Es un lugar para caminar sin prisa, mirar alrededor y entender cómo encaja la vida rural en un territorio exigente.
Qué ver
Lo más agradecido es recorrer alguno de sus núcleos y fijarse en la arquitectura popular: casas de piedra, tejados de pizarra, hórreos y construcciones auxiliares que siguen formando parte del día a día. La iglesia parroquial, sencilla y sobria, sirve de referencia y punto de reunión en fechas señaladas.
El interés suele estar fuera de los muros: caminos rurales, arroyos, prados de siega y manchas de arbolado autóctono. No hace falta “hacer cumbre” para disfrutar; a veces el premio es un valle en silencio o un cruce de pistas con buenas vistas.
Qué hacer
Senderismo tranquilo y observación de naturaleza. A primera y última hora, la luz cambia por completo el paisaje y, si el día acompaña, apetece sacar la cámara. Si te interesa la fauna, unos prismáticos ayudan: en entornos así, el movimiento está en los bordes del bosque y cerca del agua.
En la mesa mandan los productos de la tierra y las recetas de cuchara. No esperes mucha oferta: lo habitual es comer en alojamientos rurales o en sitios familiares, cuando los hay.
Mejor época
Primavera y comienzos de otoño suelen ser buena apuesta por luz y colores. Tras varios días de lluvia, los caminos pueden estar más pesados y el terreno, resbaladizo; conviene ir con margen y calzado que agarre.
Errores típicos
- Ir con prisas y pretender “tachar” visitas: aquí compensa parar y caminar un poco.
- Confiar en cobertura o servicios como en una zona urbana: mejor llevar agua, algo de comida y el mapa descargado.
- Estrenar calzado: hay tramos húmedos y firmes irregulares.