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sobre Melide
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El pulpo que se cuece en Melide tiene su liturgia. Los pulpeiros hablan de tiempos muy precisos y miran el reloj con atención, porque unos minutos de más cambian la textura por completo. Esa obsesión convive con un pueblo que existe por otra razón igual de concreta: aquí se cruzan dos de los grandes itinerarios del Camino de Santiago. En Melide, desde hace siglos, la gente llega de direcciones distintas y continúa junta hacia Compostela.
El cruce donde nació un pueblo
Melide está a unos 50 kilómetros de Santiago, en una zona de transición entre las tierras interiores de Lugo y las comarcas más húmedas de A Coruña. Ese punto intermedio explica muchas cosas. Aquí confluyen el Camino Francés y el Camino Primitivo. Durante siglos fue un lugar de parada natural: comida caliente, mercado, descanso antes de afrontar la última etapa larga.
Las menciones más antiguas al lugar aparecen en documentos medievales con formas del nombre algo distintas. Una de ellas, del siglo XI, habla de “Militerata”. No está del todo claro el origen del topónimo, aunque algunos lo relacionan con asentamientos vinculados al control del camino.
El crecimiento del núcleo se organizó en torno al antiguo convento de Sancti Spiritus. El conjunto actual es resultado de varias fases. La iglesia se reconstruyó a finales del siglo XV bajo el patrocinio de la familia Ulloa, uno de los linajes fuertes de la Galicia de aquel tiempo. Del claustro quedan restos que permiten imaginar la escala del edificio original, pensado para atender a una circulación constante de peregrinos.
El cruceiro del antiguo convento
En la plaza del Convento se levanta uno de los cruceiros más antiguos conservados en Galicia, fechado en el siglo XIV. Es una pieza sobria, de proporciones algo más macizas que las de los cruceiros posteriores.
A menudo se dice que aparece en el antiguo billete de diez euros. La comparación circula mucho entre los visitantes, aunque en realidad se trata de otra obra. La confusión probablemente nace del parecido en la composición.
El cruceiro muestra la Crucifixión en una cara y una representación de la Virgen con el Niño en la otra. Este tipo de imágenes funcionaba como protección simbólica del camino. No hay que olvidar que el viaje medieval implicaba riesgos muy reales. Colocar estas piezas en lugares de paso tenía un sentido devocional, pero también marcaba territorio y comunidad.
La piedra está muy gastada por la lluvia y por siglos de contacto. Aun así, la talla mantiene bien la lectura general.
El pulpo como tradición local
Hablar de Melide acaba llevando al pulpo. No porque solo se coma eso, sino porque el plato se convirtió aquí en una referencia reconocible dentro de Galicia.
La preparación sigue el estilo tradicional del interior: pulpo cocido en grandes calderos de cobre, cortado con tijera y servido con sal gruesa, pimentón y aceite de oliva. Los cachelos —patata cocida— suelen acompañar el plato. También es habitual el pan de hogaza y el vino tinto de la zona o de comarcas próximas.
El uso de platos de madera forma parte de esa costumbre. Se limpian solo con agua para que la superficie no absorba detergentes ni olores extraños. Es una práctica muy extendida en las ferias gallegas desde hace décadas.
La presencia de peregrinos ayudó a consolidar esta tradición. Con el paso del tiempo, el pulpo quedó asociado al nombre del pueblo de una forma bastante directa.
El mercado de los días de feria
Los días de mercado siguen marcando el ritmo del centro. La plaza de España se llena de puestos y de gente que llega desde parroquias cercanas. No es un mercado pensado para turistas. Se compra ropa, herramientas, semillas, queso o fruta de temporada.
Las mujeres mayores siguen llegando con carros de ruedas. Algunos vendedores llevan décadas ocupando el mismo sitio. Entre ellos hay artesanos que reparan utensilios o afilan cuchillos y tijeras con maquinaria sencilla, a pedal o con pequeños motores.
Ese ambiente explica bien qué es Melide en la comarca: un punto de intercambio. No solo de mercancías, también de noticias y de vida cotidiana.
Paseos cortos desde el centro
A poca distancia del casco urbano está Furelos. Se llega caminando en unos minutos siguiendo el trazado del Camino. El puente medieval sobre el río aparece mencionado en textos jacobeos antiguos, lo que indica que ya era un paso consolidado para los peregrinos.
El arco principal y las piedras del tablero muestran el desgaste lógico de muchos siglos de uso. El entorno del río conserva todavía un aire tranquilo, con pequeñas huertas y casas dispersas.
Quien tenga más tiempo puede continuar hacia Leboreiro. El camino discurre entre robles y castaños y permite entender mejor el paisaje de esta parte de Galicia: aldeas pequeñas, parcelas cerradas por muros bajos y bosques que cambian mucho con las estaciones.
Melide se recorre rápido. El centro histórico no es grande. Aun así conviene caminarlo sin prisa y desviarse de la calle principal cuando sea posible. En esos rodeos aparecen las casas tradicionales de piedra, los viejos soportales y algunos tramos del trazado antiguo del Camino que todavía se reconocen bajo el asfalto actual.