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sobre Zas
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El turismo en Zas suele empezar en Brandomil. Allí el río Xallas se abre un poco antes de seguir hacia la costa y, sobre él, el puente de piedra que durante siglos controló el paso por el valle. La estructura actual suele fecharse en época moderna, probablemente del siglo XVII, cuando los caminos hacia Fisterra tenían más tránsito del que hoy imaginamos. Nadie paga ya portazgo ni espera paso de mercancías, pero la obra sigue cumpliendo su función: unir las dos orillas de un lugar donde el paisaje y la historia se han ido superponiendo con bastante claridad.
El territorio antes que el pueblo
Zas ocupa una franja interior de la Terra de Soneira, entre las sierras bajas que separan la comarca de Santiago y las tierras que ya miran hacia la Costa da Morte. No hay grandes cumbres, pero sí una red de valles húmedos y suaves elevaciones. Ese relieve explica que en el municipio aparezcan numerosos restos megalíticos.
La Arca de Piosa, en la parroquia de Muiño, es el conjunto más conocido. Se trata de una tumba de corredor levantada hace unos cinco mil años. La cámara se conserva bien y mantiene varias de las grandes losas que la cubrían. El acceso es sencillo pero discreto: un camino de tierra entre pinos y monte bajo, sin demasiada señalización. Dentro apenas entra la luz y la piedra suele estar húmeda, así que conviene llevar linterna y pisar con cuidado.
Brandomil: huellas romanas junto al Xallas
Hoy es una aldea pequeña, pero Brandomil fue un asentamiento relevante en época romana. Las excavaciones y los hallazgos dispersos —tejas, fragmentos de cerámica, alguna moneda— indican que aquí hubo actividad minera y un pequeño núcleo habitado vinculado a esas explotaciones. No está del todo claro hasta qué punto llegó a funcionar como ciudad, pero sí que fue uno de los puntos romanos más occidentales de la Galicia interior.
Con el paso de los siglos el lugar se fue reduciendo. La iglesia actual ocupa una posición central y cerca quedan varias casas tradicionales, un hórreo comunal y restos de edificaciones antiguas integradas en viviendas posteriores. Pasear por el núcleo ayuda a entender un fenómeno bastante visible en toda la comarca: aldeas que en otro tiempo concentraban más población y que hoy se mantienen con pocos vecinos, aunque muchas casas sigan cuidadas.
El río, mientras tanto, continúa marcando el ritmo del lugar.
Torres do Allo: una casa fuerte convertida en pazo
A pocos minutos por carretera aparece uno de los edificios históricos más conocidos del municipio: el Pazo das Torres do Allo. Su origen se sitúa a finales del siglo XV, vinculado a una familia hidalga que controlaba tierras y caminos en la zona.
El conjunto conserva rasgos de casa fuerte medieval —muros robustos, torres en las esquinas— pero ya anuncia el modelo de pazo gallego que se consolidará después. No es una fortaleza pensada para resistir asedios, sino una residencia señorial que también afirmaba poder y propiedad.
Hoy el edificio está restaurado y suele funcionar como espacio cultural y centro de interpretación del propio pazo y de la historia local. El entorno, con campos de cultivo y pequeñas masas de arbolado, ayuda a entender su lógica: una residencia ligada a la explotación agraria del territorio.
La carballeira y la memoria del lino
En la capital municipal hay una carballeira amplia donde tradicionalmente se celebran encuentros y fiestas populares. Allí se organiza desde hace décadas la Festa da Carballeira, un festival centrado en la música folk y tradicional que reúne a público de toda Galicia.
Ese mismo fin de semana suele haber actividad en el Museo Vivente do Lino. El espacio ocupa una antigua casa de labranza rehabilitada y explica un cultivo que fue fundamental en muchas aldeas de la comarca. Antes de que el algodón y los tejidos industriales se generalizaran, el lino marcaba buena parte del calendario agrícola: sembrar, arrincar, mazar, rastrillar y finalmente hilar.
Las demostraciones muestran ese proceso paso a paso, con herramientas tradicionales y explicaciones bastante claras de cómo se organizaba ese trabajo en las casas.
Cómo moverse y cuándo ir
Zas se recorre mejor en coche. Las aldeas y los puntos de interés están dispersos y el transporte público existe, pero con frecuencias limitadas que suelen depender de las rutas comarcales.
Desde Santiago o A Coruña lo habitual es llegar por la carretera que va hacia Fisterra y desviarse después hacia Santa Comba y Terra de Soneira. El paisaje cambia poco a poco: más prados, más monte bajo y aldeas muy separadas entre sí.
La primavera y el inicio del verano suelen ser buenos momentos para caminar por la zona. Los caminos que llevan a mámoas y pequeños núcleos rurales siguen siendo pistas de tierra o senderos tradicionales. Conviene llevar calzado cómodo y no confiar en encontrar servicios abiertos en todas las parroquias, sobre todo entre semana.