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sobre San Xoán de Río
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Llegar a San Xoán de Río se parece un poco a cuando conduces por una carretera comarcal pensando que el navegador se ha equivocado. Curvas, más curvas, castaños a los lados y la sensación de que el pueblo nunca termina de aparecer. Y de repente aparece. No como un sitio que visitas en media hora, sino como esos lugares donde bajas del coche, miras alrededor y entiendes que aquí las cosas van a otro ritmo.
Está en la Terra de Trives, en el interior de Ourense, pegado a los montes de la Serra de San Mamede. No es un lugar de monumentos grandes ni plazas llenas de terrazas. Es más bien como visitar la aldea de un amigo que lleva generaciones allí: casas de piedra con muros gruesos, corredores de madera, hórreos sobre pilares y cruceiros marcando caminos que siguen usándose.
Las aldeas están bastante dispersas. Conduces dos minutos y ya estás en otra. Muchas mantienen el mismo aspecto desde hace décadas. La agricultura sigue presente y se nota. No como un decorado rural, sino como algo que sigue funcionando.
Qué ver sin grandes pretensiones
San Xoán de Río no juega la liga de los pueblos con casco histórico compacto. Aquí todo está más repartido. Como un puzzle al que le faltan piezas en medio.
La parroquia de San Xoán, que da nombre al lugar, es sencilla. Piedra local, casas alrededor y ese ambiente tranquilo de las iglesias de aldea donde casi siempre hay silencio. En el núcleo también está la pequeña capilla dedicada a San Pedro. Es de esas construcciones que parecen modestas hasta que te acercas y empiezas a ver detalles en la piedra que llevan ahí décadas.
Gran parte del interés está en caminar sin rumbo fijo por las calles rurales. Las fuentes todavía caen en abrevaderos pequeños. Los cruceiros siguen señalando caminos antiguos. Y los hórreos alineados junto a las casas cuentan bastante sobre cómo se vivía aquí. Algunos tienen marcas o inscripciones en la madera. Como cuando encuentras fechas grabadas en una mesa vieja de casa de tus abuelos.
El paisaje cambia mucho según la estación. En primavera los castaños brotan con una fuerza que parece que el monte haya encendido la luz. En verano dan una sombra muy agradecida cuando caminas. En otoño el suelo se llena de castañas y hojas rojizas, como una alfombra desordenada. Y en invierno el humo de las chimeneas aparece aquí y allá, igual que en esas tardes frías donde lo único que apetece es quedarse dentro.
Cuando llueve —y en esta parte de Galicia pasa a menudo— los pequeños ríos que bajan del monte se vuelven más rápidos. Nada espectacular, pero sí de esos sonidos constantes de agua corriendo que acompañan mientras caminas. En días secos, las rocas junto al agua quedan al descubierto y aparecen rincones muy tranquilos.
Cómo moverse sin prisa
Moverse por San Xoán de Río es sencillo en el mapa, pero lento en la práctica. Las carreteras comarcales serpentean bastante. Diez kilómetros aquí no se sienten como diez kilómetros en una autovía; se parecen más a cuando conduces por una carretera de montaña y cada curva te obliga a levantar el pie.
Desde el propio núcleo salen pistas y caminos hacia aldeas cercanas como A Portela, A Valladares o O Pedregal. Son trayectos cortos, aunque algunos tramos tienen bastante desnivel. Caminar por aquí significa atravesar soutos de castaños bastante densos o bordear fincas cerradas por muros de piedra.
No siempre hay señalización clara. Conviene llevar mapa o GPS y, si surge la duda, preguntar a alguien del lugar. Aquí todavía funciona mucho el “sigue ese camino y gira después del castaño grande”. Y sorprendentemente suele funcionar.
En otoño aparece otro clásico del interior de Ourense: las setas. Mucha gente sale a buscarlas, pero conviene hacerlo con conocimiento. No todo lo que parece comestible lo es. Y algunas zonas pertenecen a fincas privadas. Con las castañas pasa algo parecido. Aunque veas el suelo lleno, muchas pertenecen a terrenos delimitados.
La cocina local es la que esperarías en una zona de interior gallego. Platos sencillos y contundentes. Ternera de la zona cuando la hay, embutidos curados de manera tradicional, miel espesa que suele acompañar pan o queso fresco. En los meses fríos aparecen grelos, caldo gallego y cocidos bastante directos. Nada sofisticado. Más bien comida de la que te deja con la sensación de haber comido en casa de alguien.
Lo que quizás no te cuenten
San Xoán de Río puede desconcertar si llegas con mentalidad de “verlo todo”. No funciona así. Es más parecido a dar un paseo largo por un conjunto de aldeas que a visitar un pueblo con puntos concretos marcados en un mapa.
Hay momentos en los que parece que ya lo has visto todo. Luego giras una curva, aparece otra aldea pequeña y vuelves a parar el coche.
Las distancias engañan. Quince kilómetros aquí pueden llevar media hora. No porque el camino esté mal, sino porque el terreno obliga a ir despacio. Es como caminar por una casa antigua llena de pasillos: llegas a los sitios, pero tardas un poco más.
También conviene tener cuidado al aparcar. Muchas fincas tienen accesos estrechos y los caminos no siempre dejan margen para maniobrar. A veces lo más sensato es dejar el coche antes de entrar en la aldea y continuar andando.
Cuándo visitar
La primavera suele traer bastante color al valle. Aparecen flores silvestres por los caminos y el verde del monte se vuelve intenso.
El otoño es probablemente cuando el paisaje cambia más. Los castaños empiezan a soltar fruto y las laderas se llenan de tonos marrones y rojizos. Caminar por los caminos entonces se parece a pisar hojas en un parque grande, pero con mucho más silencio.
En verano los días suelen ser agradables, aunque por la tarde refresca. Nada exagerado, pero se nota. Como cuando en la ciudad cae el sol y de repente agradeces una chaqueta.
El invierno puede ser más duro. A veces nieva en la zona y algunas carreteras secundarias se complican. Si llueve varios días seguidos, los caminos se vuelven bastante embarrados. No es un problema si vienes preparado, pero conviene tenerlo en cuenta.
Datos prácticos
San Xoán de Río está a unos 60 kilómetros de Ourense. El trayecto suele hacerse en algo más de una hora. Lo habitual es llegar primero a Trives por la N-120 y después continuar por carreteras comarcales.
Desde otras zonas de Galicia el viaje puede alargarse algo más de lo que parece en el mapa. La razón es simple: la orografía manda. Aquí las carreteras tienen muchas curvas y atraviesan zonas de monte.
Conviene venir sin prisas. Este es uno de esos sitios donde el trayecto forma parte del plan, como cuando haces un viaje tranquilo por una carretera secundaria solo por ver qué hay al otro lado de la siguiente curva.