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sobre Monterroso
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En el corazón de A Ulloa, entre colinas suaves y un mosaico de prados y carballeiras, Monterroso lleva el ritmo tranquilo del interior lucense. La población se reparte entre la villa y muchas aldeas, así que conviene venir sin prisas y dejarse llevar: carreteras secundarias, cruceiros a la sombra y capillas pequeñas que aparecen donde menos te lo esperas.
Por su posición entre Lugo y el eje hacia la costa, mucha gente pasa de largo. Merece la pena parar: aquí la Galicia rural se entiende caminando un poco, charlando y comiendo producto de cercanía.
Qué ver en Monterroso
En el casco urbano, la iglesia parroquial de Santa María preside la villa con esa sobriedad propia del barroco rural.
Fuera del centro, lo más agradecido es ir enlazando parroquias y aldeas: casas de piedra, hórreos y cruceiros salpican el municipio. El paisaje, siempre ondulado, alterna prados con ganado, bosque autóctono (robles y castaños) y regatos que acaban alimentando el Ulla. En otoño, si acompaña la luz, es muy agradecido para fotos.
Monterroso también se cruza con rutas jacobeas: por aquí pasa un ramal del Camino del Norte que conecta con el Camino Francés, así que en algunos tramos es normal ver peregrinos.
Qué hacer
Apetece moverse a pie o en bici por caminos rurales entre aldeas: recorridos sencillos, sin grandes desniveles, que dejan ver el territorio por dentro (fuentes, prados húmedos, carballeiras pequeñas).
La observación de aves funciona bien en zonas de bosque mixto y praderas, sobre todo en los pasos de primavera y otoño.
En la mesa manda el producto local: queso de A Ulloa, huerta, vacuno, castañas, caldo, empanada y guisos de carne.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta tranquila por la villa y parada en la iglesia de Santa María.
- Pequeña escapada por una carretera secundaria hacia aldeas cercanas para ver hórreos y cruceiros (mejor sin meterse en pistas si no conoces la zona).
- Regreso con tiempo para tomar algo con producto de A Ulloa.
Errores típicos
- Confiarse con las carreteras estrechas: conduce sin prisa y cede el paso donde toque.
- Aparcar “un momento” en accesos a fincas o entradas de aldeas: aquí pasan tractores y camiones aunque parezca que no.
- Meterse en caminos de tierra tras un temporal: pueden estar blandos y embarrados.