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sobre Rubiá
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En Valdeorras, entre laderas de viña y monte atlántico, Rubiá va a su ritmo. Municipio pequeño, de aldeas de piedra y pizarra, caminos rurales y miradores naturales hacia el valle del Sil. Aquí manda lo sencillo: caminar, mirar y sentarse a comer sin prisas.
Qué ver en Rubiá
La forma más agradecida de conocer Rubiá es ir saltando de núcleo en núcleo con calma. Entre casas de dos plantas, hórreos y construcciones auxiliares se entiende la vida de la comarca sin necesidad de grandes discursos. La iglesia parroquial de Santa María, sobria, sigue marcando el centro de muchas rutinas. En los caminos aparecen cruceiros y pequeñas capillas cuando menos lo esperas: no están “señalizadas para foto”, pero ayudan a leer el paisaje.
El viñedo en terrazas es el gran hilo conductor. Los muros de piedra sujetan las laderas y, en otoño, el cambio de color lo transforma todo. Más arriba entran castaños y robles, con senderos que conectan valles secundarios y claros donde apetece parar.
Qué hacer
Hay paseos cortos por antiguos caminos entre aldeas: suficientes para entender el territorio sin meterte en grandes desniveles. Y pesa la parte gastronómica: vinos de Godello y cocina de siempre (pulpo, embutidos, pan de aldea; en temporada, castañas). Si te interesa la micología, en otoño el monte se anima, con prudencia y respeto.
Fiestas y tradiciones
En agosto se celebran las fiestas patronales de Santa María, con actos religiosos y verbena. La vendimia se vive más de puertas adentro que como evento. En torno a San Martín, el magosto reúne a la gente entre castañas y vino nuevo.
Mejor época
Primavera y otoño suelen dar lo mejor, por temperatura y por paisaje. En invierno, al ser zona de media montaña, cuenta con frío y días cortos; si vas a caminar, conviene ajustar la ruta a las horas de luz.
Errores típicos
- Llegar tarde a comer: en pueblos pequeños los horarios mandan y no siempre hay margen.
- Confiarlo todo al coche: lo mejor se ve a pie, aunque sea un paseo corto entre aldeas.
- Meterse por pistas sin saber: tras lluvias pueden estar rotas o embarradas; mejor ceñirse a caminos claros.