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sobre A Veiga
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En el extremo nororiental de Ourense, donde Galicia se arrima a León y Zamora, A Veiga es un municipio de montaña hecho de aldeas dispersas y mucho silencio. A unos 850 metros de altitud, aquí manda el paisaje: valles hondos, prados que en primavera revientan de verde y bosques de roble y castaño que en otoño se vuelven un espectáculo. La piedra y la pizarra de las casas encajan con naturalidad, sin alardes.
Aunque a veces se la mete en el mismo saco que Valdeorras, A Veiga tiene un carácter más áspero y montañés, marcado por las sierras cercanas y por un ritmo que todavía depende de las estaciones.
Qué ver
Lo más agradecido es recorrer alguna aldea —Pradoalbar, Fontei o Campobecerros— con ojo para la arquitectura popular: casas de piedra, corredores de madera, hórreos y algún molino medio escondido junto al agua. En la capital, la iglesia parroquial de San Martiño resume bien el patrimonio religioso rural de la zona; por el municipio se repiten capillas pequeñas y cruceiros a pie de camino.
En naturaleza, el río Bibei deja tramos muy bonitos, con gargantas y pozas. En las zonas altas aparecen las brañas, construcciones ligadas al pastoreo y al uso ganadero del verano.
Qué hacer
A Veiga se recorre andando. Hay caminos entre aldeas para montarte rutas a medida: paseos tranquilos o subidas hacia las brañas, con vistas abiertas sobre los valles. Si sales temprano es fácil ver corzos o rastros de jabalí; también hay zonas interesantes para observar rapaces. La pesca de trucha se practica en ríos y arroyos, siempre respetando normativa y vedas.
En la mesa manda la cocina de montaña: ternera, cabrito, castañas y setas cuando toca.
Mejor época
Primavera y otoño suelen ser lo más agradecido por luz, colores y temperatura. En invierno conviene ir con margen: puede haber nieve, heladas y carreteras lentas. En verano, mejor evitar las horas centrales si vas a caminar por zonas sin sombra.