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sobre Viana do Bolo
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En el extremo oriental de Ourense, ya cerca del límite con Castilla y León, Viana do Bolo se reparte entre montañas, valles cerrados y aldeas muy dispersas. A unos 700 metros de altitud se nota la Galicia interior: piedra, humo de leña en invierno y carreteras que van cosiendo parroquias entre castaños y robles.
Con unos 2.700 habitantes, aquí manda más el territorio que un “centro histórico” al uso. Aun así, hay arquitectura popular (casas de piedra, corredores de madera, hórreos, cruceiros) y huellas de un pasado señorial que se intuye en cuanto miras hacia lo alto del pueblo.
Qué ver
El Castillo de los Condes de Monterrei domina desde una posición estratégica. Está en ruinas, pero el emplazamiento explica bien el carácter de frontera y paso de estas tierras.
En el casco urbano, la Iglesia de Santa María la Real mezcla etapas (origen románico y reformas posteriores) y sirve de referencia clara para orientarse.
Fuera del núcleo, varias aldeas conservan la Galicia de patios empedrados, muros anchos y silencio. Se citan pallozas como vivienda tradicional en algunas zonas del municipio.
La Serra de San Mamede y los montes cercanos regalan buenas panorámicas sobre los valles del Bibei y del Camba, con bosque agradecido en otoño.
Qué hacer
Caminatas cortas entre aldeas, rutas por castañares y paseos con miradores naturales. En la mesa, el botelo y la castaña marcan identidad, junto a guisos de montaña y carnes.
Fiestas y tradiciones
El Entroido tiene peso en la zona. La Festa do Botelo suele celebrarse en febrero. En agosto llegan las fiestas patronales.
Mejor época
Otoño y final de primavera suelen sentar muy bien por color y temperatura. En invierno, antes de moverte por aldeas o pistas, conviene mirar la meteorología: la nieve y la niebla pueden complicar accesos y tiempos. En verano se agradece madrugar para caminar y evitar las horas centrales.
Errores típicos
- Querer encadenar muchas aldeas en poco tiempo: las distancias engañan y la carretera es de montaña.
- Aparcar en calles estrechas del casco urbano: mejor dejar el coche en una zona amplia y entrar a pie.
- Salir con plan “de paseo” sin contar con cambios de tiempo: aquí refresca rápido y el monte se cierra con niebla.