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sobre Alesanco
Pequeña localidad en el valle del Tuerto con tradición agrícola; punto de paso histórico cercano a Nájera.
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Hay pueblos que no necesitan presentación larga. Paras el coche, bajas, miras alrededor y en cinco minutos ya entiendes de qué va el sitio. Alesanco me dio esa sensación la primera vez que pasé por aquí, en la Rioja Alta. Un pueblo pequeño, tranquilo, con viñas alrededor y pocas ganas de llamar la atención.
Alesanco está en la comarca de Nájera y ronda los 480 y pico habitantes. Aquí la vida va a otro ritmo. No porque sea un museo rural ni nada parecido, sino porque la rutina manda: campo, viñedo, temporadas que marcan el calendario. Cuando conduces por las calles se nota rápido que el pueblo no está pensado para el visitante ocasional, sino para la gente que vive aquí todo el año.
El tamaño real del pueblo
El casco urbano es compacto. De esos que recorres sin darte cuenta mientras charlas o miras las fachadas. En unos veinte minutos has pasado por casi todo.
Las casas mantienen bastante piedra a la vista, balcones de hierro y portones grandes que recuerdan que aquí hubo mucha vida agrícola. No esperes grandes monumentos ni plazas espectaculares. Alesanco funciona más por ambiente que por hitos concretos.
A mí me gusta caminar sin rumbo por las dos o tres calles principales y dejar que el pueblo se explique solo. Sabes cuando un sitio no necesita cartelitos para orientarte. Pues eso.
La iglesia de San Esteban
La iglesia parroquial de San Esteban es lo que más sobresale cuando miras el perfil del pueblo. La torre se ve desde varios puntos de los alrededores y sirve un poco de referencia cuando vuelves caminando desde los caminos agrícolas.
El edificio tiene esa presencia sólida de las iglesias de la zona. Piedra, volumen contundente y pocas florituras. Si coincide que está abierta, merece la pena asomarse. Y si no, tampoco pasa nada: dar la vuelta por fuera ya deja ver bien cómo encaja en el centro del pueblo.
Caminos entre viñedos
En cuanto sales de las últimas casas empiezan los campos. Viñedo sobre todo, con parcelas que suben suavemente hacia los cerros cercanos.
No esperes rutas señalizadas ni senderos preparados. La mayoría son pistas agrícolas que usan tractores y vecinos para trabajar las fincas. Aun así, caminar por aquí tiene su gracia. El terreno es abierto y siempre tienes el campanario a la vista para orientarte al volver.
En días despejados el valle se abre bastante. Si hay niebla baja, que en La Rioja Alta no es raro, el paisaje cambia mucho y todo queda más silencioso.
El vino como parte del paisaje
El vino está presente aunque no lo veas de forma directa. Las viñas rodean el pueblo y marcan el calendario del campo. Poda en invierno, crecimiento en primavera, vendimia cuando toca.
Por la zona suele haber bodegas que organizan visitas o catas, normalmente con reserva previa. Conviene mirarlo con algo de tiempo porque no siempre funcionan con horarios amplios.
En cualquier caso, incluso sin entrar en ninguna bodega, el paisaje ya cuenta bastante sobre lo que se hace aquí.
Cómo encaja Alesanco en una ruta por la zona
Te soy sincero: Alesanco no es un lugar para pasar todo el día haciendo cosas. Y tampoco pasa nada por decirlo.
Funciona mejor como parada dentro de un recorrido por la comarca de Nájera o por la Rioja Alta. Llegas, das una vuelta tranquila, sales a caminar un poco entre viñas y sigues carretera.
Si vas con una hora o dos, tienes tiempo de sobra para recorrer el núcleo, acercarte a la iglesia y asomarte a algún camino que salga hacia el campo. Lo bueno aquí es justo eso: no hay presión por verlo todo.
Cuándo merece más la pena acercarse
La primavera y el otoño suelen sentarle bien a esta zona. Temperaturas suaves y los viñedos cambiando de color.
En verano se puede caminar también, pero conviene madrugar o esperar a última hora de la tarde. A mediodía el sol cae fuerte y los caminos apenas tienen sombra.
El invierno tiene otro ambiente. Cepas desnudas, menos movimiento y un paisaje más austero. Si ha llovido mucho, eso sí, algunas pistas agrícolas se vuelven bastante embarradas.
Al final Alesanco es ese tipo de parada que agradeces cuando vas de camino a otro sitio. Paras, respiras un rato, miras las viñas alrededor del pueblo… y sigues ruta. A veces eso es justo lo que apetece.