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sobre Villanueva de Cameros
Pueblo pintoresco en el Camero Nuevo con casas de piedra y entramado de madera.
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¿Sabes cuando llegas a un sitio y te da la sensación de que el reloj va un poco más despacio? Villanueva de Cameros tiene bastante de eso. Un puñado de casas de piedra, balcones de madera y tejados rojizos, todo colocado en la ladera como si alguien lo hubiera ido dejando ahí con paciencia durante siglos.
El pueblo está a unos 900 metros, en plena Sierra de Cameros, y se nota. El aire es otro. No es un lugar de grandes monumentos ni de calles llenas de tiendas. Es más bien ese tipo de sitio al que llegas, aparcas el coche, y en diez minutos ya estás caminando por un camino de tierra sin escuchar casi nada.
Un pueblo pequeño con historia escrita en piedra
Durante siglos la vida aquí giró alrededor del ganado y del monte. Todavía se nota en cómo están construidas las casas: muros gruesos, ventanas pequeñas y esa sensación de que todo está pensado para aguantar inviernos largos.
La iglesia parroquial es el edificio más reconocible del pueblo. Su origen es medieval, aunque ha tenido reformas con el tiempo. No siempre está abierta —la vida aquí no gira alrededor del turista— pero si coincide que la encuentras con la puerta abierta, entra un momento. Tiene ese silencio denso y fresco típico de las iglesias serranas.
Caminar sin demasiadas instrucciones
Una de las cosas que me gustan aquí es que no hace falta organizar una excursión seria para moverse por el entorno. Sales del pueblo por cualquiera de sus extremos y enseguida aparecen caminos que se meten en el monte.
No esperes señalización perfecta ni paneles cada cien metros. Muchos son los caminos de toda la vida: los que usaban los vecinos o quien subía al monte a trabajar. Si te gusta caminar un rato sin demasiada infraestructura alrededor, aquí lo tienes fácil.
En las laderas cercanas se mezclan haya, roble y pino. En otoño el monte cambia bastante de color y suele atraer a gente que sale a buscar setas —siempre con cuidado y sabiendo lo que se recoge—.
Un paseo corto que ya dice bastante
Recorrer el pueblo tampoco lleva mucho tiempo. Las calles son pocas y bastante rectas, con casas tradicionales intercaladas con alguna rehabilitación más reciente. Es un paseo corto, pero conviene hacerlo sin prisa, fijándose en detalles: una puerta antigua claveteada, un escudo borroso en una fachada, un corral vacío pero aún en pie.
A la salida del pueblo hay caminos que permiten ganar un poco de altura y mirar hacia el valle del Iregua. Las cumbres superan los 1.500 metros y desde aquí ya empiezas a entender la escala del territorio.
Consejos antes de ir (y uno después)
Villanueva es muy pequeño —apenas unas decenas de habitantes— y eso marca la visita. No esperes muchos servicios ni un pueblo preparado para pasar todo el día haciendo cosas programadas.
Mi consejo es sencillo: tómalo como una parada tranquila dentro de un recorrido por Cameros. Aparca donde no molestes (las calles son estrechas) y recorre el pueblo andando.
La carretera desde Logroño pasa por Torrecilla antes de subir hacia esta parte alta. A partir de ahí empiezan las curvas cerradas, los pinares pegados al asfalto y esa sensación clara de estar subiendo a otro mundo.
Y lleva algo de abrigo ligero aunque sea verano. En cuanto se esconde el sol o entras en zonas sombrías, refresca rápido. Aquí salir a “dar un paseo” muchas veces significa acabar pisando barro o hierba húmeda. Pero bien pensado… ¿no era eso lo que buscabas?