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sobre Castroviejo
Pueblo serrano rodeado de bosques; punto de partida para ascensiones en la Sierra de Moncalvillo.
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Hay pueblos que aparecen en el mapa porque alguien decidió quedarse allí hace siglos. Y luego está Castroviejo, que da la sensación de que primero estuvo el monte y después, casi por insistencia, llegaron las casas. Cuando subes por la sierra de la Demanda y aparece el desvío, entiendes rápido de qué va el lugar: silencio, bosque y un caserío pequeño agarrado a una collada a unos 955 metros de altura. Aquí viven poco más de medio centenar de personas.
El núcleo se recorre rápido. En veinte minutos has pasado por casi todas las calles. Casas de piedra, tejados rojizos y algún vecino que sale a caminar con el perro o a mover el coche unos metros. La iglesia de San Andrés, levantada en el siglo XVI, actúa un poco como faro del pueblo. Campanario sencillo, muros robustos. Sirve de referencia cuando das dos vueltas y ya no tienes claro por dónde entraste. No hay mucho más: unas cuantas viviendas, alguna casa rural y varios caminos que salen hacia el monte.
El bosque alrededor de Castroviejo
Lo interesante empieza cuando sales del casco. El entorno de Castroviejo cambia bastante respecto al valle del Najerilla. Aquí el paisaje se cierra. Pinos, hayas y robles mezclados, con tramos donde apenas entra el sol.
En primavera y verano se agradece la temperatura. Mientras en el valle aprieta el calor, aquí arriba el aire corre distinto. En otoño el monte se vuelve amarillo y rojizo durante unas semanas. Si te paras un rato en silencio —algo fácil porque casi no pasa nadie— se oyen aves moviéndose por el bosque y, de vez en cuando, alguna rapaz sobrevolando los claros.
Desde ciertos puntos altos se abren vistas hacia el valle del Najerilla y hacia las lomas de la sierra. No son miradores preparados ni nada parecido. Más bien claros naturales del terreno donde te detienes un momento y sigues andando.
Paseos sencillos y caminos de monte
No hace falta organizar una gran ruta para caminar por aquí. Alrededor del pueblo salen pistas forestales y senderos cortos que se meten entre los árboles. Son de esos caminos que usan los vecinos para moverse por el monte y que con el tiempo acaban siendo paseos bastante agradecidos.
Si te alejas más, hay recorridos que suben hacia cumbres cercanas. Ahí la pendiente ya se nota. La recompensa son vistas abiertas de la sierra de la Demanda.
En invierno el lugar cambia bastante cuando entra la nieve, algo que suele ocurrir algunos años. Los caminos se cubren y el paisaje se vuelve mucho más silencioso. Conviene informarse antes de subir si el tiempo está revuelto.
Comer y abastecerse antes de subir
Castroviejo es pequeño y funciona como muchos pueblos de sierra: los servicios son limitados y no todo abre todos los días. Lo práctico es llegar con lo necesario ya en el coche.
En la zona, cuando es temporada, aparecen setas en muchas cartas y mercados cercanos. También son habituales las carnes de la sierra y los quesos elaborados en la región. Pero para comer o comprar con facilidad suele tocar bajar a localidades más grandes del valle.
Una parada corta basta
Castroviejo se ve rápido. Un paseo por las calles, la iglesia, y luego salir hacia alguno de los caminos que rodean el pueblo. En un par de horas te haces una buena idea del lugar.
Lo que no tiene sentido es venir esperando actividad constante o un casco histórico lleno de cosas que visitar. Aquí el plan es sencillo: caminar un rato, mirar el monte y escuchar el silencio.
Cómo llegar a Castroviejo
Desde Logroño lo habitual es subir por la LR‑113 hasta Nájera y desde allí continuar por carreteras locales que se internan en la sierra. Los últimos kilómetros tienen curvas cerradas y tramos estrechos. Nada raro en esta zona, pero conviene conducir atento.
A casi mil metros de altura la temperatura baja rápido al caer la tarde, incluso en agosto. Una chaqueta en el coche nunca sobra cuando se viene por esta parte de La Rioja.