Artículo completo
sobre Valdemadera
Pueblo remoto en la sierra de Alcarama; ideal para amantes de la naturaleza salvaje.
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos que parecen hechos para que llegues, des una vuelta rápida y sigas camino. Y luego están los que te obligan a bajar el ritmo aunque no lo hayas planeado. Valdemadera, en la sierra riojana, pertenece claramente al segundo grupo. Con apenas una quincena de vecinos y a casi mil metros de altura, este lugar funciona más como un pequeño alto en el camino del monte que como un destino turístico al uso.
Aquí no vienes a “ver cosas”. Vienes a notar cómo cambia el silencio cuando sales del coche.
El casco antiguo en pocos pasos
El casco de Valdemadera se recorre en lo que tardas en tomarte un café… si hubiera dónde tomarlo. Un puñado de casas, calles cortas y una iglesia que aparece enseguida en cuanto empiezas a caminar.
Las construcciones siguen la lógica de los pueblos de sierra: muros gruesos de piedra, madera oscura y tejados pensados para aguantar nieve y frío. Nada está colocado para la foto. De hecho, muchas casas enseñan sin disimulo los años que llevan ahí. Algunas están cuidadas, otras parecen esperar tiempos mejores.
La iglesia parroquial —probablemente levantada hace varios siglos— es sencilla: una nave, piedra sobria y poco adorno. Es de esas que encajan con el paisaje sin necesidad de llamar la atención.
Si te gusta fijarte en detalles, aquí los hay: portones grandes de madera, herrajes antiguos, ventanas pequeñas pensadas para guardar el calor. Cosas que en un pueblo grande pasarían desapercibidas.
El bosque alrededor de Valdemadera
Si el pueblo es pequeño, el monte que lo rodea compensa de sobra. Valdemadera está metido en una zona de robledales y hayedos que cubren buena parte de las laderas cercanas, dentro del paisaje de la sierra de la Demanda riojana.
Sales andando unos minutos y ya estás bajo árboles.
En otoño esto cambia rápido: un día ves verdes apagados y a la semana el suelo está cubierto de hojas marrones y amarillas. Es el tipo de bosque donde el ruido más constante suele ser el de tus propias botas sobre las hojas.
No es raro ver buitres planeando alto o escuchar arrendajos moviéndose entre los árboles. Si vas atento, también aparecen rastros de corzos o jabalíes, aunque verlos ya es otra historia.
Caminos sencillos desde el pueblo
Lo bueno de Valdemadera es que no hace falta planificar grandes rutas. Desde el mismo pueblo salen caminos rurales que se meten en el bosque o atraviesan praderas donde suele haber ganado.
En media hora andando ya tienes sensación de estar bastante lejos de todo.
Hay tramos suaves y otros donde la cuesta se nota en las piernas, pero nada especialmente técnico. Más que una excursión de objetivo claro, aquí la gracia está en caminar un rato, parar en un claro del bosque y escuchar lo que pasa alrededor.
Un detalle práctico: no cuentes con encontrar servicios en el pueblo. Si vienes a pasear un buen rato, trae agua y algo de comida en la mochila.
Cuándo venir
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para conocer Valdemadera. En primavera el monte se vuelve más verde y empiezan a aparecer flores y setas si ha llovido lo suficiente. En otoño, el color del bosque cambia casi cada semana.
El verano puede ser cálido durante el día, aunque por la tarde la temperatura suele bajar bastante al estar en altura. En invierno la nieve aparece algunos años y la niebla puede quedarse enganchada en las laderas durante horas.
Si te gusta el paisaje de montaña en versión tranquila, cualquier estación tiene su gracia. Solo cambia el ritmo.
Errores bastante comunes
El primero es llegar, hacer dos fotos y marcharse en diez minutos. Valdemadera es tan pequeño que esa tentación existe. Pero el pueblo se entiende mejor cuando te quedas un rato, caminas un poco por los alrededores y dejas que el monte haga su parte.
Otro fallo habitual es venir sin nada de agua o comida pensando que habrá algún sitio abierto. Aquí lo normal es que no haya servicios para visitantes, así que conviene venir preparado.
Y el último: esperar ambiente turístico. Valdemadera no juega a eso. Es más bien ese tipo de sitio que encuentras casi por casualidad cuando recorres la sierra y decides parar un momento a ver qué hay. A veces, con eso basta.