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sobre Navajún
Famoso mundialmente por sus minas de pirita; pueblo pequeño en un entorno agreste.
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A las ocho de la mañana, el olor a tierra húmeda y a madera quemada se queda flotando en la calle principal de Navajún. Apenas hay movimiento. Alguna persiana medio subida, una puerta que cruje, y el sonido seco de un gorrión saltando entre los tejados de teja curva, muchos con musgo en las juntas. La luz todavía es baja y las fachadas de piedra toman un tono gris frío que cambia rápido en cuanto el sol empieza a asomar por los cerros.
El turismo en Navajún no funciona como en otros pueblos de La Rioja. Aquí no hay carteles que marquen un recorrido ni plazas llenas de terrazas. Lo que hay es un caserío pequeño, muy pequeño, donde la sensación de aislamiento forma parte del paisaje tanto como las montañas que lo rodean.
El pueblo, recorrido en pocos minutos
La calle principal es corta y algo irregular. Casas de piedra, algunas revocadas con yeso ya desgastado, ventanas pequeñas con rejas antiguas y puertas de madera que han pasado por muchas manos de pintura. Si uno camina despacio acaba llegando a la iglesia, un edificio sencillo con espadaña que sigue funcionando como punto de referencia del pueblo.
No hace falta mucho tiempo para recorrerlo entero. En diez o quince minutos ya se ha visto casi todo. Lo interesante está en los detalles: las marcas de herramientas en algunas piedras, remiendos hechos con ladrillo en muros viejos, canalones improvisados para desviar el agua cuando llueve fuerte.
Con tan pocos habitantes, el silencio se nota. A veces se oye el motor de un tractor en la distancia o algún perro que ladra desde una finca cercana. Poco más.
Caminar por los alrededores
Al salir del casco, el terreno se abre en lomas suaves con encinas, pinos dispersos y zonas de pasto. Hay caminos rurales que usan sobre todo los vecinos y la gente que trabaja el campo. No siempre están señalizados, pero se siguen bien si se camina con calma.
Algunos bajan hacia pequeños arroyos que solo llevan agua con ganas después de las lluvias. Otros suben a collados desde donde se ve el mosaico de monte bajo y campos abandonados. No hay miradores preparados ni paneles explicativos. Lo que aparece delante es simplemente el paisaje tal cual.
Si te gusta caminar, se pueden hacer rutas de varias horas enlazando pistas y senderos. Conviene llevar agua y calzado con buena suela: el suelo es pedregoso y después de lluvia aparecen tramos embarrados.
En primavera se ven muchas flores silvestres entre los arbustos bajos. En otoño el suelo se llena de hojas secas y el aire huele a tierra fría.
La zona minera
En los montes cercanos están las antiguas explotaciones de pirita por las que Navajún es conocido entre geólogos y coleccionistas de minerales. Durante años se extrajeron aquí cristales cúbicos muy bien formados.
El acceso a las minas suele estar regulado y no siempre es libre, así que conviene informarse antes de acercarse con la idea de entrar. Desde algunos caminos cercanos se ven las escombreras y cortes en la ladera que recuerdan esa actividad.
Cuándo venir y qué tener en cuenta
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por la zona. En verano el sol cae con fuerza a partir del mediodía y hay poca sombra en los caminos. En invierno el viento se deja notar bastante en los collados y, si ha nevado, algunas pistas pueden ponerse complicadas.
Es importante venir con lo necesario. En Navajún no hay tiendas ni servicios donde comprar agua o comida. Lo habitual es llegar, caminar un rato por el pueblo y luego salir a recorrer los alrededores.
Para aparcar, lo mejor es dejar el coche a la entrada. Las calles son estrechas y siguen utilizándose para el trabajo diario de quienes viven aquí.
Una parada tranquila en la comarca de Cervera
Mucha gente llega hasta Navajún aprovechando una ruta más amplia por la comarca de Cervera del Río Alhama. El pueblo queda algo apartado, y quizá por eso mantiene esa sensación de lugar detenido en otro ritmo.
No es un sitio donde pasar el día entero buscando actividades. Más bien funciona como una pausa: un paseo corto entre casas de piedra, un rato mirando las lomas alrededor y el silencio que aparece cuando el coche se apaga y ya no queda más ruido que el del viento rozando las encinas.